Álvaro Ahunchain. Portada Columna Opinión

Escribe: Álvaro Ahunchain. Coordinador General del Instituto Nacional de Artes Escénicas (Ministerio de Educación y Cultura).

Allá por 2011, antes de que se convirtiera en universidad, el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) trajo de Colombia a Jorge Melguizo, quien se había desempeñado como secretario de Cultura Ciudadana de Medellín en los convulsionados años 90 del siglo pasado.
No hace falta mirar una serie de Netflix para saber que esa ciudad supo ser una de las más violentas del mundo.

La experiencia que compartió Melguizo en su primera visita -hubo más en los años siguientes- es asombrosa.

En plena guerra contra el narcotráfico, con Pablo Escobar reclutando chiquilines colombianos para sus fines delictivos, mandándolos a matar y morir, Melguizo lideró el equipo que proyectó y construyó los famosos “Parques Biblioteca”, inmensas edificaciones levantadas en el corazón mismo de las vecindades tradicionalmente más peligrosas.

«Nos decían que estábamos locos apostando a la educación y la cultura», confesaba el gestor cultural, trabajando a contrapelo de una escena social y política dominada por narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares.

En áreas enjardinadas de dos hectáreas, inauguró centros culturales en horarios extendidos, donde no solo hay libros sino también se presentan espectáculos de artes escénicas, se imparten talleres de educación artística, se realizan exposiciones de artes visuales, proyecciones de películas, conferencias, mesas redondas…

Generó, ni más ni menos, una alternativa positiva para la gente joven. Una vía de salida del destino delictivo. Melguizo define a los parques como «enredaderas culturales”, una fuerza de crecimiento de interacciones virtuosas, espacios disruptivos donde la tradicional Feria del Libro se pasó a llamar “Fiesta del Libro”, donde los talleres de escritura se rebautizaron como “Juegos Literarios”. En época de auge de los blogs, se estimuló a los muchachos a documentar allí sus testimonios de vida. Se invita a adultos mayores a convertirse en voluntarios “Abuelos Cuentacuentos”, leyendo historias para los niños. Se organiza una «Parada Juvenil» que programa espectáculos y eventos de todo tipo durante las 24 horas en forma ininterrumpida, y se obsequian libros convocando a que después de leerlos, la gente los “libere”, para que otros los aprovechen.

La escritora Patricia Lara Salive, que militaba por el partido opositor al del gobierno de Medellín, elogió la iniciativa con una síntesis tan buena, que la he elegido como título de esta columna.

Las empresas privadas también apoyaron, porque el gobierno de la ciudad las visitó y les dijo: «lo vamos a hacer con o sin ustedes, pero con ustedes va a ser mejor».

Esta formidable experiencia de política cultural tuvo impacto en distintos países, incluso en el nuestro. Felizmente Melguizo asesoró a los gobiernos del Frente Amplio y a diversas intendencias departamentales. Por su consejo se concretaron proyectos importantes que aún perviven, como Urbano y las Usinas Culturales.

El equipo de cultura del actual gobierno impulsó la creación de más de una veintena de Centros Culturales Nacionales, un concepto más ambicioso que el de los anteriores “centros MEC”, que aprovechan las buenas infraestructuras de las casas de cultura departamentales y las potencian, a través de nuevas inversiones y circulación de espectáculos, exposiciones, charlas y talleres. Se consolidó además un fondo de apoyo a la creación u optimización de infraestructuras culturales en el interior.
Son todos buenos antecedentes que, sin embargo, deberían ser apenas un punto de partida. Tenemos la obligación de ejecutar una política de shock cultural, localizada precisamente en aquellas zonas montevideanas y ciudades del interior más afectadas por el narcotráfico.

No es solo con más Guardia Republicana que saldremos de la crisis de inseguridad.

Es también -y sobre todo- reforzando las ofertas culturales que permitan una alternativa virtuosa a quienes hoy parecen no tener otra que convertirse en engranajes de las mafias delictivas.