Hebert Gatto. Portada Columna Opinión

Escribe: Hebert Gatto. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, ensayista, presidente de Honor del Partido Independiente.

El PIT-CNT, heredero de la anterior CNT (Convención Nacional de Trabajadores) fundada en 1964, fue refundada el 1º de mayo de 1983, primero con la sigla PIT (Plenario Intersindical de Trabajadores) y luego, cuando la dictadura militar lo hizo posible, agregándole su antigua denominación. Según declara coordina y centraliza a todos los gremios nacionales que, según manifiesta, superan los trescientos mil trabajadores. No a todos ellos, alrededor de un millón quinientos mil individuos, pero sí a una parte significativa de los mismos. Se declara independiente de todo partido político, pero aclara que su objetivo es “construir entre todos una sociedad justa y solidaria donde los medios de producción y servicio estén en manos de los trabajadores.” Una inequívoca proclama marxista que lo arrima tanto al Partido Comunista como al Socialista que la comparten, por lo que no es arriesgado sostener que los tres, mantienen en lo básico una común ideología.

El pasado miércoles 13 en un acto de la corriente Articulación, Fernando Gambera, Secretario de Comunicación y Propaganda del PIT-CNT, y secretario general de AEBU, manifestó como tarea para toda la Central: “Nuestro rol el año que viene, si queremos defender la democracia, es sacar a la derecha del gobierno. Ese es nuestro rol: lograr que nuestro pueblo ponga un gobierno que tenga una sensibilidad diferente a la que ha tenido el que tenemos….”.

En la ocasión estaban presentes el presidente del Frente Amplio y los precandidatos Carolina Cosse y Mario Bergara, quienes lo escucharon sin objetar. Parece obvio decir que el candidato del partido “sensible al pueblo”, será uno del Frente Amplio, una designación que el movimiento sindical deberá apoyar para defender sus intereses de clase. Presa de su dogmatismo Gambera olvidó que en Uruguay al presidente no se lo elige para defender clases sociales sino al país en su conjunto y que el ámbito gremial no es para manifestaciones de corte claramente política sino para la defensa gremial de los intereses de los trabajadores.

Reafirmando el escaso o ningún respeto que la Central mantiene hacia la Constitución de la República su última iniciativa es promover un plebiscito para modificarla. No para mejorarla proponiendo cambios en la forma de gobierno o ampliando los derechos de los ciudadanos. De eso sí que se encarguen los políticos. Lo que le interesa, es que las normas de la Carta, dispongan que los uruguayos se jubilarán a los sesenta años y cobrarán no menos de un salario mínimo nacional. Proponen tal disparate, fijando disposiciones que el paso del tiempo va a quitarle sentido, sin advertir que la Constitución en lo esencial regula principios.

Quienes hoy proponen atornillarla con disposiciones meramente temporales, desconocen que en función de la generalidad de sus enunciados la Carta se va a adaptar paulatinamente tanto en su interpretación como en su aplicación.

Pretender usarla para blindar intereses, sin considerar que están interviniendo en la moralidad jurídica de un pueblo, solo se explica por ignorancia y egoísmo, dos pecados del Infierno del Dante. Con el agravante que en este caso se pretende conducir a un país entero por semejante precipicio. Los gremios, como le enseñó Marx a Bakunin, no son partidos. Confundir ambas cosas debilita a las instituciones e impide adaptarlas a los tiempos, llenándolas de cerrojos.