La “Madre de todas las reformas” sentenció nuestro actual Presidente electo por el tercer partido tradicional hace 11 años.  Por supuesto que de reforma positiva e importante nada, solo algún remiendo poco trascendente. También se llenó la boca con esas palabras otro “filósofo” ex Presidente del mismo Partido.

Años antes, bastantes, el Presidente electo por uno de los dos primeros Partidos tradicionales había intentado una reforma relativamente profunda que inicialmente “aprobada” terminó capotando en un plebiscito en que el otro Partido tradicional y el tercero primeramente mencionado se aliaron para lograr el objetivo “anulatorio” en su mayor parte.

Podría decirse que “no pasó nada, que todo sigue igual”, después de 1/4 de siglo, nada menos. Pero no es así. Vamos peor, cada vez peor.

A esta altura ya no basta con citar ineficiencia, ineficacia y muchos calificativos reales que todos conocemos.  Para qué abundar, si ya resultan innegables por tirios y troyanos.

A esta altura el problema se agrava cada vez más porque determinadas políticas de los niveles superiores del gobierno y abundantes decisiones y reglas burocráticas emanadas desde organismos intermedios e inferiores desacreditan cada vez más el funcionamiento y la credibilidad del que debería ser un Estado Democrático.

Por otra parte desde ciertos ámbitos intelectuales se está llevando a cabo una “reeducación” de la opinión pública y de la ciudadanía que cuestiona la representatividad de los Partidos Políticos, y que incluye, además sinnúmero de “reivindicaciones “ particulares ¡Pronto y ya!, ganándole espacio a las justas demandas por seguridad, trabajo y salario, estos sí justos y perentorios a solucionar.

Un Estado existe siempre, bueno o malo, mejor o peor -lo otro es el caos y la tragedia generalizada-, lo grave es cuando se desmantela y tergiversa el Estado Democrático para implantar la dictadura o su “sumun” el Estado totalitario.

Lamentablemente hay gente que añora eso y trabaja, paso a paso, sin prisa y sin pausa, en este pequeño país sometido a tantas influencias externas.

A esta altura quizá valga la pena preguntarse si los orientales estamos dispuestos a defender el Estado democrático antes que sea demasiado tarde.

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