El senador Pablo Mieres hace tiempo que trabaja para conformar un espacio socialdemócrata que permita construir algo que supere las fronteras del Partido Independiente (PI). Aunque todavía no lo consiguió, dice que tiene tiempo y, sobre todo, un clima político y social que lo favorece. El Frente Amplio “está agotado” y los problemas de seguridad, economía y falta de transparencia son cada vez mayores, explica durante una entrevista con Búsqueda.

Mieres es duro con lo que considera el mayor fracaso de los tres gobiernos del Frente Amplio: la desintegración social. “Esto es muy grave, porque se supone que el corazón de un gobierno de izquierda es lo social”, subraya. Aunque no ahorra críticas al resto de la oposición. Cuestiona, por ejemplo, las medidas de seguridad que proponen algunos de los representantes de la oposición, como el senador blanco Jorge Larrañaga, porque considera que son propuestas efectistas que no solucionan los problemas de fondo.

Mieres advierte, además, sobre el nivel de confrontación entre los partidos, y evalúa que la próxima campaña electoral puede ser “jodida”.

—Usted había planteado la posibilidad de crear un espacio socialdemócrata en el que no solo esté el Partido Independiente, sino otros secotres y dirigentes que compartan esa mirada. ¿En qué está ese proyecto?

—Sigue habiendo contactos. Creo que hay posibilidades de crear ese espacio, porque el Frente Amplio está agotado en su proyecto, y este tercer gobierno es la demostración más cabal de eso: no tiene capacidad de llevar adelante los cambios que el país necesita. También hay fracasos importantes. El fracaso de la seguridad es muy notorio, y es reflejo de un fracaso más sustancial para un gobierno de izquierda, que es el fracaso de la integración social. Siempre que Bonomi vino al Parlamento, he dicho que deberían acompañarlo la ministra de Desarrollo Social, la de Educación y Cultura y la de Vivienda, porque el telón de fondo de la inseguridad es el fracaso de las políticas sociales. Y para un gobierno de izquierda esto es muy grave, porque se supone que el corazón de un gobierno de izquierda es lo social. Ellos se defienden hablando de la baja de los indicadores de pobreza, y el índice de Gini, pero todo eso se mide por ingresos, y a mí me parece que acá hay un problema que no tiene que ver con plata, tiene que ver con valores, normas, formas de convivencia.

No significa desconocer que ha habido cambios en estos años, y cambios positivos. Este es un enfoque que desde las oposiciones —porque no hay una oposición sola— no se ha tomado demasiado en cuenta.

—¿Qué cambios destacaría?

—Ha mejorado la calidad de vida en términos del acceso a bienes materiales. Hubo una mejora del salario real, ha habido una resolución del problema energético, es uno de los grandes logros del Frente Amplio, estamos discutiendo otros temas que antes no estaban resueltos, tenemos una administración de la DGI, del BPS mucho más profesional, un Banco Central con reglas de juego más exigentes. Caer en el “acá se hizo todo mal”, es un error. Y ahí está una de las claves de nuestra propuesta: somos una alternativa de cambio hacia adelante, no es hay que cambiar todo. Necesitamos reconstruir un clima que evite la grieta. Hay señales preocupantes de que en Uruguay se está construyendo una grieta, porque hay un riesgo importante de que la campaña electoral del año que viene sea una campaña jodida, con mucha confrontación, con mucho agravio cruzado, de esas que terminan generando un juego de suma-cero, todo o nada, blanco o negro. Y nosotros somos una alternativa de cambio.

—¿En el “nosotros” a quién incluye?

—Al Partido Independiente. Y ojalá tengamos socios. Todavía no puedo decir nada. Hay conversaciones con distintos actores, tenemos posibilidades de hacer acuerdos, no hay nada cerrado.

—¿Hasta cuándo va a esperar para esto?

—Creo que en el correr de este año resolvemos. Nosotros tenemos una ventaja respecto a otros partidos y es que tenemos una interna sin problemas, estamos trabajando en el programa de gobierno, ya hicimos tres jornadas de trabajo (una sobre desarrollo productivo, infraestructura y reforma del Estado, otra sobre educación y capital humano y una tercera sobre integración social, y habrá una cuarta sobre seguridad). O sea que a fin de año tendremos programa y el lanzamiento de candidatura. Es una gran ventaja, arrancamos mirando octubre.

—¿Eso no es cerrarse? ¿Cómo van a negociar si ya tienen un programa armado?

—Vamos a acordar con aquellos que podamos coincidir. Con los que estamos conversando hay sintonía, no vamos a tener dificultades en encontrar entendimientos. A lo que sí aspiro es a incorporar figuras que le den señales a la ciudadanía de que este es un espacio político más grande que el Partido Independiente mismo.

—¿No se trata de acuerdos entre partidos?

—No. Eventualmente se le puede poner un nombre nuevo. Esa alian­za deberá tener un nombre diferente, aunque el lema sea Partido Independiente. Creo que le podemos ofrecer a la ciudadanía un cambio hacia adelante. Nosotros incorporamos gente que es parte del Frente Amplio, pero tenemos diferencias fuertes con una parte de la izquierda que tiene un pensamiento no democrático, que se expresa en la reticencia a condenar dictaduras evidentes como la de Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua, que tiene reflejos conservadores muy fuertes. Ese Frente es el que le impide al gobierno avanzar.

—¿Qué los va diferenciar de los partidos tradicionales?

—Ellos cargan con sus mochilas. Nosotros nos podemos poner de acuerdo con otros partidos de oposición, por ejemplo, en la transformación educativa. Pero nosotros exigimos además un elemento que es el espíritu del cambio, que es la transparencia, darle garantías a los ciudadanos de transparencia. Me parece que ahí hay un asunto en el que el Frente defraudó y los blancos y colorados han sido cuestionados por eso en el pasado, lo cual no quiere decir que no puedan reconvertirse. También el Frente Amplio se puede reconvertir y no lo hace.

—¿Ustedes son los únicos que están invictos en temás éticos?

—Sí.

—¿Y tienen posibilidades de acordar entre la oposición en temas de seguridad?

—Es más difícil. Tengo diferencias con los partidos tradicionales, sobre todo con el planteo de la reforma constitucional de Larrañaga. Creo que el gran problema de la seguridad es la deserción del territorio, es decir, el desmantelamiento de las comisarías.

—El diputado del Partido de la Gente Guillermo Facello sugirió en radio El Espectador instalar medidas prontas de seguridad.

—Es a ver quién da más garantía contra el miedo. Nosotros no estamos en eso, estamos en la lógica de que hay que recuperar la presencia del Estado en los barrios y al mismo tiempo tejer políticas sociales integradoras. El proyecto del Partido Independiente es una democracia integradora, es la marca que queremos establecer. Parece mentira que uno lo plantee después de quince años de gobierno de izquierda, porque la integración es el corazón de un gobierno de izquierda, y sin embargo es su gran fracaso.

—¿Pero piensa que la gente va a votar por el tema de la transparencia que mencionaba antes? Siempre se dice que a la hora de votar pesa más el “bolsillo”.

—Ese es otro problema que tiene el Frente por delante. Hay un problema de empleo y es difícil que se revierta de aquí al año que viene. Mucha gente empieza a perder el empleo o a temer la pérdida de empleo. Entonces, la economía no los va a ayudar. Además, el Frente con esta situación de crisis de competitividad de los sectores productivos, que es uno de los motivos de desempleo, también ha perdido pie en un territorio en el que había avanzado en 2014, que son los pequeños pueblos del interior, donde hoy veo su apoyo muy desgastado. Por eso, sé que hay un sector de la sociedad que está harto y reclama transparencia, pero es cierto que a la hora de la verdad el gran tema es cómo funciona la economía y la economía tiene problemas que no estaban en 2014.

—¿En sus giras por el interior, apareció este tema de la transparencia?

—Lo que me impresionó en esta gira —desde marzo hasta ahora recorrí casi todo el país, solo me falta Colonia— fue la importancia que adquirió el problema de la inseguridad en el interior. El año pasado yo había visto el problema de la competitividad.

—En materia de seguridad se han planteado nuevos proyectos de ley y reformas el nuevo Código del Proceso Penal…

—Creo que esto no se arregla con leyes. Hay que hacer algunos ajustes, está bien. Pero decirle a la gente que vamos a arreglar la seguridad reformando la Constitución… ¿Quién puede pensar que lo que estamos pensando es un cambio de la Constitución? No es consistente. El marco constitucional vigente no es obstáculo para resolver el problema de la seguridad ni es necesario incorporar nuevas cosas, lo que hay que hacer es aplicar las leyes y tener una estrategia. Este país está con un grave problema de seguridad y no se arregla con medidas efectistas.

FUENTE: BÚSQUEDA

 

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