Por Luciano Gaiero Genta

Hay noticias con las cuales todos los ciudadanos y todos los actores políticos en su conjunto deberíamos alegrarnos al recibirlas, sin importar banderas partidarias, por lo menos todos aquellos que queremos lo mejor para nuestro país, para nuestra sociedad y para cada uno de nuestros compatriotas, especialmente para aquellos que se encuentran en situaciones más vulnerables. Una de esas noticias es que en 2017 en el Uruguay se redujeron la pobreza, la indigencia y la desigualdad.

¿Pero cómo entender que al mismo tiempo que datos indican que en el Uruguay ha bajado la pobreza otros datos nos muestran que el desempleo de febrero trepó a 9,3% y que alcanzó el nivel máximo desde 2007, que la economía uruguaya sigue expulsando trabajadores, que se han perdido más de 40.000 puestos de trabajo, que no se están creando nuevos y que hay 400.000 uruguayos trabajadores ganando apenas $16.000?

¿Cómo alegrarnos sin preocuparnos ante datos que indican que en el Uruguay ha bajado la indigencia al mismo tiempo que la realidad nos muestra que ha aumentado el número de asentamientos, que gran parte de los que viven en ellos son niños y que ha aumentado también el número de personas que viven en situación de calle?

¿Cómo “festejar” por datos que indican que se ha reducido la desigualdad al mismo tiempo que otros muestran que gran parte de los adolescentes y jóvenes más pobres no terminan el ciclo básico, que cada vez aprenden menos y que nuestro sistema educativo está entre los que reproducen y generan mayor desigualdad?

¿Cómo creer que “vamos bien” ante datos que muestran que ha bajado la pobreza, la indigencia y la desigualdad cuando al mismo tiempo otros datos y la cruda realidad (que como decía Seregni es porfiada) nos muestren y demuestren que en materia de convivencia y de integración social estamos cada vez peor, que la sociedad está cada vez más fragmentada y que cada vez hay más inseguridad, delitos y homicidios?

Pero sobre todo ¿Cómo entender que esta dolorosa realidad que estamos viviendo se den después de haber vivido la década de mayor crecimiento económico en la historia del país y cuando aún estamos creciendo? ¿Cómo entender que los resultados obtenidos sean estos, después de que una fuerza política ha gobernado durante tres períodos consecutivos, con mayorías absolutas en el parlamento y con el apoyo de los sindicatos, condiciones favorables poco o nunca vistas en la historia del país?

¿Cómo entenderlo y explicarlo si no es porque no se han realizado ninguno de los cambios de fondo necesarios, y que fueron prometidos, en materia de educación, de reforma del estado, en el manejo austero y honesto de los recursos públicos y del aparato del estado? ¿Cómo entenderlo y explicarlo si no es por el lamentable y absoluto fracaso de las políticas sociales y económicas y por la incapacidad de gestión de dicho gobierno?

¿O será como piensan algunos que esta realidad es el resultado intencionalmente buscado por quienes se ven beneficiados por políticas sociales asistencialistas y el manejo clientelístico del aparato del estado que generan dependencia, “lealtades” y votos a costa de la necesidad, la dignidad y la esperanza de los más pobres y sobre “la espalda” y “los bolsillos” de la “clase media”?

¿Cómo explicarlo y entenderlo si no son por los mundos paralelos en los que vive y los que ha creado el Frente Amplio?

¿Cómo no rebelarnos? ¿Cómo no responder y asumir el desafío y el compromiso de cambiar esta realidad?

En las últimas elecciones los Independientes presentamos a la ciudadanía “dos ideas fuerzas” que justamente iban en la línea de tratar de entender, explicar y alertar sobre la situación en la que el país se encontraba y que proponía el camino que, como sistema político y como sociedad, era necesario transitar para evitar profundizar y llegar a la triste y preocupante situación en la que lamentablemente nos encontramos hoy.

La primera “idea fuerza” fue la que dio el nombre a nuestro programa partidario, la necesidad y la importancia de “Transformar el Crecimiento en Desarrollo Humano”, la segunda era la convicción de que la única manera de que esto fuera posible era a través de construir y llevar adelante acuerdos multipartidarios en los temas más importantes para el país. Por eso aquello de “no a la mayoría absoluta” de la campaña, en la convicción y en la constatación de que los intereses y la lógica interna del Frente Amplio no iba a hacer posible alcanzar esos acuerdos que pudieran dar respuesta a los graves y urgentes problemas del Uruguay y su gente.

Hoy ante la cruda realidad los Independientes reafirmamos que sin educación, sin trabajo y sin integración social no hay desarrollo, ni para las personas, ni para las sociedades, y reafirmamos que sin acuerdos multipartidarios en los temas más importantes, donde se juega el futuro de la sociedad, especialmente el de los más excluidos y el de los jóvenes, el Uruguay y los uruguayos no obtendrán respuesta a sus problemas y estos se seguirán profundizando.

Una vez más los Independientes reafirmamos que en ese camino, trabajando por la educación, por más y mejor trabajo, por la integración y la convivencia social, tendiendo puentes, construyendo acuerdos, como ayer y como hoy, nos encontraran los ciudadanos y los demás partidos políticos en las próximas elecciones y en el próximo período de gobierno. ¡Siempre allí, donde el país y la gente nos necesitan!

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