MENSAJE DEL PARTIDO INDEPENDIENTE A LOS TRABAJADORES EN SU DÍA. A TODOS LOS TRABAJADORES, EN ESPECIAL A AQUELLOS QUE PERDIERON SU PUESTO LABORAL O ESTÁN EN RIESGO DE PERDERLO.

El 1º de mayo celebramos el Día Internacional de los Trabajadores. De todos los trabajadores. De los que tienen trabajo, y de los que no lo tienen.

Es el día de todos aquellos que con su esfuerzo cotidiano hacen efectivo el crecimiento económico, que es el marco imprescindible para propiciar el desarrollo humano de nuestro país. Y lo hacen desde su humilde empleo en un taller o en una oficina, muchas veces estigmatizados o haciéndose cargo de las consecuencias de una gestión inadecuada. O desde su pequeña empresa, detrás de un mostrador, compartiendo los riesgos con dos o tres hombres o mujeres empleados, sin más retribución extra que la satisfacción de continuar un día más parando la olla. Es también el día de las maestras, de los chacareros, de las enfermeras y de los policías.

Pero también es el día de aquellos que sienten amenazada su seguridad laboral, o peor aún, de aquellos que día a día van perdiendo su trabajo. Y de cuya angustiante situación, nadie parece hacerse responsable. De los que saben que no es con normas voluntaristas ni con promesas fáciles, como se crean cientos de miles de fuentes de trabajo, o la forma como se mejoran las condiciones laborales.

Y desgraciadamente este no es, hoy en Uruguay, un abordaje teórico o abstracto. La tendencia del mercado de trabajo en nuestro país en los últimos tres años ha mostrado una evolución constantemente decreciente.

Y es necesario advertir que, de mantenerse esta tendencia, en el mediano plazo se generarán perjuicios al conjunto de la clase trabajadora, independientemente de los discursos corporativos, más preocupados por ser complacientes con el gobierno que por hacer sentir las reales dificultades de los trabajadores.

Sin dudas que existen factores sociales, económicos y tecnológicos, que trascienden nuestra realidad nacional, y que son generadores de incertidumbre. Y que amenazan con la obsolescencia de lo que alguna vez pareció para siempre.

Pero no menos cierto es que existen razones propias, vinculadas a los problemas de sustentabilidad que están experimentando en nuestro país las empresas. Particularmente las más pequeñas. No es excepcional hoy en nuestro país, asistir al cierre de empresas o el abandono del mercado nacional, con consecuencias terribles para los trabajadores afectados.

No hemos sido capaces de aprovechar los tiempos de bonanza económica para solucionar viejos problemas estructurales que atentan contra la competitividad, relacionados con los costos de producción, pero también con las posibilidades de innovación. En muchos casos estos problemas se han agravado.

No ha alcanzado con el aumento permanente y desaforado del gasto público, alejado de los mínimos criterios de disciplina fiscal. Tampoco han sido efectivas aquellas experiencias clientelísticas y aventureras que bastardearon el concepto de economía social que, en general, significaron importantes costos para el conjunto de la población y que lejos de colaborar en el sostenimiento de fuentes de trabajo legítimas, fueron generadoras de mayores niveles de frustración.

Es necesaria una revisión crítica de los lineamientos de la política económica, que definitivamente se haga cargo de que el agónico mantenimiento de los escasos niveles de crecimiento, característicos del último período, no se está viendo reflejado en la creación de fuentes de trabajo.

Seguir perdiendo fuentes de trabajo de forma constante, como ha ocurrido en los últimos tres años, puede introducirnos en una espiral descendente, que genere, además, precarización de las condiciones laborales, con especial perjuicio para las generaciones más jóvenes.

El 1º de mayo es el día de los Trabajadores. De todos los trabajadores. Algunos concurrirán al acto central. Casi ninguno tendrá expectativas por los contenidos del predecible discurso. El Uruguay necesita cambiar. Y cambiar se puede. ¡Salud trabajadores!

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