30 años debieron rendir más

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Por Juan Carlos Rodríguez

En la sociedad uruguaya y, particularmente, en la montevideana, es clave recuperar integración y cohesión social. En ese camino es prioritario, urgente y humanitario atender y resolver las necesidades básicas de miles de ciudadanos que viven en condiciones deplorables. Personas que subsisten como pueden, en situaciones que los ponen al borde de la dignidad humana y que sienten que la sociedad no les brinda una oportunidad para cambiar sus vidas. Han caído en el olvido de las políticas públicas o, por lo menos, en la ineficiencia, la burocracia o la falta de ideas de cómo darles una mano.

Un claro ejemplo se puede observar en Casavalle y alrededores. Allí encontramos muchísimos asentamientos donde la gente vive hacinada, en viviendas sumamente precarias, con casos donde las aguas servidas, o en el mejor de los casos agua de lluvia, atraviesa o se mete en las casas, corre para callejuelas que viven embarradas, donde la basura está por todos lados y las oportunidades para sostener una vida digna y realizar actividades sociales es casi nula.

Es imperdonable que mantengamos estas realidades desde hace décadas, es imperdonable que pasen los gobiernos, y que generación tras generación estas situaciones continúen igual de abandonadas, postergadas, olvidadas. Habrá sido por incapacidad, ineptitud o falta de empatía, no importa, el resultado sigue siendo el mismo.

¿No se ha hecho o no se ha querido hacer nada en todo este tiempo? Se han hecho muchas cosas, pero sin tener un plan estratégico integral o, si lo hubo, no fue bien pensado o no se supo realizar.

No se trata de generar un espacio público, inaugurarlo y luego dejarlo a la suerte del destino. Después de cortar la cinta y sacar la foto es cuando debería comenzar lo mejor para el barrio. En demasiadas ocasiones pasa que en poco tiempo esos espacios quedan sin mantenimiento, con escasa o nula iluminación, sin la limpieza necesaria y se vuelven lugares extremadamente inseguros, fundamentalmente, por las noches.

Tampoco puede pasar que lugares de esparcimiento, encuentro social y sostén comunitario como es la cancha del Club Rosario, ubicado en pleno Casavalle, se encuentre en peligro de desaparición por estar rodeada, y parcialmente invadida, por asentamientos irregulares; por estar sumida en la máxima oscuridad e inseguridad, sin que la Intendencia y el Municipio escuchen a los vecinos y les den las mínimas condiciones de sustentabilidad. Es un club con seis décadas en el barrio, que busca mantener un espacio de encuentro saludable y de comunidad barrial con las familias que allí viven.

En esa zona, hay asentamientos que tienen más de 40 años, hay otros de más reciente formación. En todo este tiempo ha faltado un programa integral para el barrio. Las soluciones que se intentaron, pocas e inadecuadas, no han movido la aguja de una crítica situación.

Los vecinos sienten la inequidad social en carne propia, sienten que no son atendidos, ni siquiera escuchados. Sucede que entre asentamientos que reflejan una pobreza extrema, y de cooperativas de vivienda por ayuda mutua en la que los vecinos han trabajado muy duramente para construir sus viviendas, un día llegan familias de inmigrantes realojados de otras zonas de la ciudad a los que se les construye sus viviendas y se les brinda servicios a los que no han tenido acceso los viejos vecinos. Este es un claro ejemplo de falta de visión integral y de trabajo de cercanía con la comunidad; va en contra de la integración social y el sentido comunitario del barrio. Los viejos vecinos no se sienten “atendidos” y a los nuevos no le generan condiciones para su integración a la vida social del barrio, peor aún, se les genera condiciones adversas. Esta política, que soluciona un problema de otra zona de la ciudad, es un caldo de cultivo para la disgregación, los enfrentamientos y la xenofobia. 

La Intendencia de Montevideo no ha hecho todo el esfuerzo que debió hacer y cuando lo ha intentado lo ha hecho mal, en forma ineficiente.

Se debe pasar de Programas aislados, a unos que siendo parte de un Plan estén dotados de un compromiso político que los empuje y los haga realidad, con una alta dosis de pragmatismo y empatía con la comunidad. Escuchando, atendiendo y resolviendo las necesidades de los vecinos.

Los gobernantes tienen la obligación ética de hacer lo imposible para transformar la realidad de estas y otras miles de personas; a quien le toca gobernar no le asiste derecho alguno de perderse en elucubraciones teóricas o en vericuetos burocráticos que terminan por trancar o diluir muchas buenas intenciones.

Es hora de sacudir la modorra, de tomar decisiones fuertes, de patear el tablero y hacer de este tema una prioridad de gobierno; de trabajar duro, con inteligencia y responsabilidad para hacer realidad los derechos de decenas de miles de compatriotas.

Hasta ahora, la Intendencia de Montevideo y el Municipio D no han demostrado ni las capacidades ni la sensibilidad que la situación requiere. Todo este panorama empeora si se observa que lo mismo se repite en muchísimos barrios de éste y otros Municipios; por eso lo llamamos “Montevideo Olvidado”. No hay excusas posibles.

¡¡En 30 años, pudo y debió rendir más!!

Habilidades

Publicado el

julio 21, 2020

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