Por Hebert Gatto

El tratamiento legislativo del presupuesto nacional, supone para el  país un nuevo tiempo. Lo que hasta ahora podía considerarse como el inicio de una transición, moderada por la aparición de la pandemia, se interna ahora en un período distinto donde la política, con el necesario enfrentamiento entre ideologías, estrategías y  tácticas, recupera sus fueros. En un lapso que se prolongará por todo el próximo período.

            No se  conocen aún los lineamientos del presupuesto. Sí se sabe que vista la situación de partida con alto desempleo, déficit fiscal y endeudamiento externo, sumado a la catástrofe económica que supuso la virosis, el mismo sufrirá una reducción global. Los cálculos más optimistas estiman que el producto bruto interno descenderá en el año no menos de un 4%,  porcentaje que el país no ha registrado desde hace muchísimos años. Con ese complicado trasfondo es que gremios, partidos y grupos de interés despliegan sus expectativas.

              La FEUU protagonizó una exitosa marcha, donde prometió a grito pelado que “la policía del Uruguay con una gorra y una chapa defiende a los que tienen plata mientras va a prision”, …“aunque tenga los bastones los vamos a hacer correr”, … “las balas que vos tiraste van a volver y, sí señor, le vamos a llenar de ratis el paredón”, todo en nombre de la defensa de la educación pública y de la Universidad. Al unísono el PIT anunció un paro general en nombre del trabajo y el salario y lo mismo, con similares reivindicaciones anunciaron presurosos la mayoría de los sindicatos. Todos  angustiados por la posibilidad de una afectación a sus intereses particulares pero, salvo una ritual invocación, sin la mínima consideración a los intereses generales. Ninguno consideró que si el producto total bajó lo justo y razonable es que, como pauta ideal,  nadie aumente sus ingresos ni  los disminuya por debajo del índice general. Tanto sea la Universidad como el mayor de los millonarios. Lo cual, si bien sugue siendo injusto, tendrá que ser materia de políticas sociales globales y no, en términos generales, de leyes presupuestales.

Más allá de estos principios obvios que deberían ser pautas regulativas del debate, el mismo es una simple repetición del mismo enfrentamiento teórico que en el seno del capitalismo viene desarrollándose en Occidente de Keynes en adelante.  ¿En situaciones de crisis debe aumentarse el gasto público para superarlas? o, como afirman los neoclásicos ¿es necesario disminuirlo para superar el déficit? Incluyendo variadas posiciones intermedias, atentas al detalle de cada coyuntura, suele olvidarse que también Keynes sostuvo que el ahorro era una medida que debía propiciarse en los buenos tiempos para contar con él en los malos. Algo que el gobierno uruguayo desoyó durante sus mandatos.

No quiero concluir sin una disgresión. Resulta irónico recordar que esta recomedación sólo tiene sentido referida a la salud del modo de producción capitalista (para la que fue emitida), lo que no obsta para que, pese a ello, la izquierda posmarxista adopte posición. Hace unas pocas décadas sólo hubiera impulsado  medidas que la acercaran al socialismo, lejos de apoyar aquellas que, según ella y Keynes, robustecen al capitalismo. Hoy promueve incluso, la inversión extranjera. Paradojas de los tiempos.

Habilidades

Publicado el

agosto 24, 2020

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