Asentamientos Irregulares: la cara de la exclusión

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Asentamientos Irregulares: la cara de la exclusión

La emergencia habitacional en Uruguay es un tema que integra la agenda de asuntos pendientes de nuestro país desde hace décadas. Sabemos también que la realidad de los asentamientos de hoy no termina en la emergencia habitacional como lo fue en los ́60, donde la población de asentamientos venía del interior formando zonas “al margen”, marginados. Ahora ni se usa ese término. El de “asentamiento” supone que allí se “asientan” otras cosas, además de gente con necesidad de vivienda.

La realidad de los asentamientos construidos sin autorización en terrenos públicos y privados, constituye uno de los capítulos más graves y son uno de los signos más claros y dolorosos de la pobreza y de la enorme injusticia que continúa instalada en nuestra sociedad. Quienes viven allí ni siquiera son considerados “vecinos”, son “los del cante”, “los pichis de allá abajo”; además de vulnerados en su derecho a la vivienda son condenados a mantenerse en la pobreza ya no solamente económica.

Es que en 589 asentamientos viven alrededor de 170.000 personas (casi el 6% de la población; el total de los habitantes de las ciudades de Florida, Treinta y Tres, Colonia, Rocha, Fray Bentos y Durazno) en condiciones que solo pueden generar más desintegración y exclusión: viviendas precarias donde el saneamiento brilla por su ausencia, la conexión eléctrica da miedo, sin servicio de limpieza ni recolección de residuos, calles rodeadas de basurales que son verdaderos criaderos de ratas…mosquitos, bacterias;
que es lo mismo que decir enfermedades respiratorias, parásitos, daños digestivos, plombemia…

En el imaginario popular se asocia asentamiento con delito. Y puede ser que en algún lugar en particular sea así, pero la generalización es injusta. No soy ingenuo y sé que esta generalización no se basa en la nada. Es que algunos asentamientos han sido invadidos por gente que se aprovecha de estas desventajas para generar más desventajas (ocupación de casas, instalación de bocas de venta de drogas, receptación de productos robados, etc.) lo que contribuye a la disposición negativa del resto de la población que generaliza por la frontera más dura facilitando la exclusión: la segregación territorial (los buenos estamos acá y los malos allá).

El FA, con toda razón criticaba duramente a los partidos tradicionales por su deuda en este tema, y asumió el gobierno con el compromiso histórico de cambiar la situación. Pero 13 años después no ha logrado mover la aguja, y la realidad de los asentamientos nos dice que los planes para construcción de vivienda social son puro marketing, que las políticas de apoyo al cooperativismo de vivienda van a paso de tortuga, que no aprenden nada de las buenas experiencias (por ejo la de MEVIR) y que la especulación
inmobiliaria domina el mercado. La mala noticia es que si con 13 años de bonanza económica y mayorías absolutas no han logrado cambiar esa realidad, ya no lo harán.

Toca mover el tema en la agenda, pasarlo de “asuntos pendientes” a “asuntos prioritarios” y desarrollar una estrategia que asegure oportunidades, recursos, servicios y espacios necesarios para que quienes viven en los asentamientos puedan ejercer sus derechos y participar plenamente en la vida social, política y económica del país. Esto implica regularizar tierras, construir viviendas, realojar, instalar servicios (agua potable, electricidad, saneamiento), instituciones educativas, asociar esa población al desarrollo
productivo, en fin, pasar de la exclusión a la inclusión.

La buena noticia es que recorriendo estas zonas aparece insistentemente algo que tenemos que aprender y promover: está viva la esperanza de cambiar. Allí viven compatriotas que aún después de tantos años viviendo entre la basura, el raterío, las aguas servidas, conviviendo con el riesgo de voladuras de chapas, de balas perdidas…así y todo, mantienen la esperanza de cambiar…La pucha, si habrá motivos para hacer algo de una buena vez!!!

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