Cambiar sin volver atrás. Las dos opciones

Cambiar sin volver atrás. Las dos opciones

Pablo Mieres

No hay duda de que el Frente Amplio está agotado como opción de gobierno. Su tercera gestión está caracterizada por la notoria incapacidad de llevar adelante cualquiera de los cambios que el país necesita con urgencia.

No hay reforma educativa, ni reforma del Estado, ni competitividad del aparato productivo, ni apertura al mundo. La inseguridad crece y la delincuencia campea de manera intolerable. El problema del empleo se ha instalado de forma creciente, convirtiéndose nuevamente en una de las mayores angustias de los uruguayos.

El Frente Amplio se debate en la división. Ni siquiera consigue acuerdos para sancionar a un dirigente que se quedó con dineros públicos apropiándose indebidamente de recursos del Estado. Es un partido dividido y agotado. Se impone un cambio y eso se dilucidará a fines del año próximo.

Sin embargo, no resulta irrelevante cuál será la alternativa al Frente Amplio, porque la oposición no es un conjunto homogéneo. No existe “la” oposición, existen dos oposiciones diferentes.

Una de ellas emergió con singular presencia pública la semana pasada expresada simbólicamente en la reunión convocada por el ex Presidente Julio M. Sanguinetti con la participación de los dos principales dirigentes del Partido Nacional.

La motivación de esta convocatoria fue expresada de manera muy notoria. Restaurar la coalición blanquicolorada, promovida nada menos que por la principal figura política que representa aquella época. La época de los gobiernos de colorados y blancos formando una coalición excluyente que, luego de un continuo deterioro de su respaldo popular, fue desplazada por el Frente Amplio.

Los negocios de la CND ayudando a empresarios amigos, la pavorosa debilidad del Banco Central para controlar los bancos y todo el sistema financiero y tantas otras debilidades que fueron determinando su sustitución en el gobierno.

La propuesta de Sanguinetti es nostálgica, restauradora, incapaz de reconocer críticas sobre lo ocurrido. La propuesta de Sanguinetti es el retorno de la vieja coalición de los partidos tradicionales. Es el túnel del tiempo, el retorno al pasado.

Pero, además, los hechos que han surgido sobre las gestiones de varias intendencias departamentales en manos de algunos dirigentes de los partidos tradicionales indican que muchos de los “viejos vicios” continúan vigentes y anidan en algunas de las estructuras de esos  partidos.

No sólo es necesario promover una alternativa con soluciones concretas para los problemas del país. También es necesario transformar el espíritu, el alma de la gestión política, impulsando un cambio en la ética de la política, generando normas de mucho mayor control de la gestión pública y dejando atrás una lógica de la acción política que estuvo presente en la vieja época y que también se ha apoderado rotundamente del Frente Amplio.

La disyuntiva de 2019 es entre la continuidad del Frente Amplio en el gobierno y el cambio. Pero la disyuntiva del cambio es entre restauración y renovación. Entre la vuelta atrás y el salto hacia el futuro. Entre el retorno del pasado, descalificando todo lo ocurrido en estos años o la construcción del Uruguay de las próximas décadas aprovechando los logros y cambiando radicalmente los errores, denunciando las irregularidades cometidas y promoviendo las transformaciones imprescindibles y urgentes sin las “viejas mochilas” del pasado.

Justamente, nuestra alternativa de cambio es la opción por la renovación, por un cambio hacia el futuro. Por la transformación profunda de las cosas que hay que hacer en el país, con una concepción profunda de sensibilidad social, preocupación por la equidad y la transparencia en la gestión pública.

Nuestra propuesta de cambio socialdemócrata, de centro izquierda, republicana y radicalmente democrática será la otra opción de cambio que estará arriba de la mesa para la elección ciudadana.

Los uruguayos tendrán que elegir entre el cambio renovador y el cambio restaurador.

Seguramente habrá quienes saldrán al cruce diciendo que dividir a la oposición es garantizar la continuidad del Frente Amplio en el gobierno y criticarán nuestro planteo, reclamando la construcción de la “grieta” uruguaya, dividiendo el país en “blanco y negro”.

No es ese nuestro espíritu. Compartimos con la otra oposición la convicción del agotamiento del Frente Amplio en el gobierno y queremos sustituirlo. Pero no es irrelevante qué opción opositora tendrá el respaldo popular para ocupar el lugar.

Para empezar, un cambio de gobierno debe asumir los logros alcanzados en los tiempos del gobierno del Frente Amplio y, a la vez, ser enérgico en los cambios que se deben producir para que nuestra sociedad alcance los objetivos de bienestar, prosperidad, seguridad e integración.

A un año y medio de las elecciones, se prefiguran las dos alternativas de la oposición. Una se mostró de manera muy visible en la convocatoria de Sanguinetti y es una convocatoria a la restauración del pasado.

La otra es la construcción de un espacio renovador de cambio hacia el futuro que proponemos desde nuestro lugar, pero en el que, además, estarán muchos de los que acompañaron el cambio de 2004 y hoy se sienten frustrados y decepcionados con la actual realidad del partido de gobierno; en el que estarán muchos de los jóvenes que quieren un Uruguay hacia adelante; en el que estarán, también, dirigentes de los partidos históricos que saben que la alternativa no es el pasado sino el futuro.

Los uruguayos tendrán que elegir, de aquí a fines de 2019, qué alternativa de cambio prefieren. Vamos a dedicar toda nuestra energía a convencerlos de que hay que cambiar sin volver atrás.

Habilidades

Publicado el

junio 4, 2018

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