De cuando el efecto Pigmalión decide tu voto

,
De cuando el efecto Pigmalión decide tu voto

Por Ana Cristina García

“Trata a un hombre como lo que es,
y seguirá siendo lo que es;
trata a un hombre como lo que puede llegar a ser,
y se convertirá en lo que puede llegar a ser”
Johann von Goethe

La palabra vano tiene su origen en la raíz latina vanus que significa «vacío». De «vanus-i» deriva «vanitas, vanitatís» que significa: «apariencia esplendorosa de lo que por dentro está vacío».  Vano le llaman en arquitectura al hueco abierto en un muro, por ejemplo una puerta o una ventana;  la principal característica de un hueco es que está vacío. De esta idea de vacío es de donde se forman el resto de los significados de «vano» y sus derivados como: vanidad, vanidoso, hilvanado, desván, vanalidad. Todas estas palabras tienen una connotación de vacío, hueco o falso. Hilvanado es un “cosido en falso» o desván que es un hueco entre el techo y el tejado que está vacío

La palabra necio también tiene origen latino, proviene de nescire, que significa “no saber”. Nescius en latín justamente significa “ignorante”.

Pigmalión, antiguo rey de Chipre, era escultor y se enamoró de una estatua que él mismo esculpió: Galatea. Tan enamorado estaba y tan fuerte era su deseo, que Galatea cobró vida. El “efecto Pigmalión” tiene su origen en este milenario mito griego. Hoy conocemos al efecto Pigmalión como la “profecía autocumplida”. Es fácil identificarlo en la actualidad: Rosenthal y Jacobson, dos cientistas de la educación estudiaron el efecto Pigmalión en el aprendizaje desde la perspectiva de la teoría de la profecía autorrealizada. Teoría entendida como uno de los factores que más influyen en la motivación de los alumnos para aprender. Aparentemente parece que es un efecto mágico, pero no lo es, lo que ocurre es que los profesores poseen expectativas (previas) acerca del comportamiento en clase y de las capacidades de diferentes alumnos, y los van a tratar de forma distinta de acuerdo con dichas expectativas. Es posible que a los alumnos que ellos consideran con más capacidad les den más y mayores estímulos, más tiempo para sus respuestas, etc. Mientras que a los que “creen” que tienen menos capacidades no les dan tantas oportunidades. Estos alumnos, al ser tratados de un modo distinto, responden de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores. Si esto se hace de una forma continuada a lo largo de varios meses, conseguirán mejores resultados aquellos estudiantes que recibieron más atención del docente y mejores calificaciones en los exámenes. Por el contrario, los que de antemano fueron considerados con menor capacidad y por tanto, desatendidos, obtienen los resultados peores. Obviamente, esta es una práctica caduca que los docentes luchamos por desterrar de las aulas, estudiando, cada vez más neurociencias.

Se preguntará el lector qué relación hay entre vano, necio y efecto Pigmalión. Pues es muy simple explicarlo en estos tiempos electorales.

Antes del día de la elección nadie tiene la certeza de quién será el Partido o candidato ganador. Sí podemos estimar, en base a resultados de encuestas, quién podría serlo. Lo que no podemos es adivinar el futuro. Podemos tener expectativas.

Al leer las encuestas y mirar sus gráficas, nos encontramos con porcentajes, con gráficos y números que evidencian qué Partido Político tiene la mayor probabilidad de ganar. O dicho de otra forma: cuáles son las expectativas acerca de quién se convertirá en ganador.

Sin embargo, ese porcentaje – que es un número, esa columna mayor que las demás – que es una representación, o esa porción mayor de la torta, no contienen ninguna propuesta, no nos cuentan qué dice el Programa de ese Partido que aparece con preferencia entre las expectativas de los encuestados. No comunica ninguna idea, ninguna solución a los problemas que preocupan a los ciudadanos. Ciertamente, podemos decir que ese número está vacío de contenido. Ese gráfico es una representación vacía. Es vano.

Solo un necio elegiría a quién votar sin informarse antes, sin saber previamente qué propone en su Programa de gobierno, qué ideología lo sustenta, qué camino elije para que el país y sus habitantes mejoren.

Y solo un necio permitiría que se cumpliera – gracias a él –  el efecto Pigmalión: votar a ganador y así, convertirlo en ganador. 

La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición falsa de la situación, que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva verdadera.

No seamos necios y no permitamos que vanos porcentajes nos empujen a no elegir con libertad y así, en pleno Siglo XXI seguir el pensamiento mágico que produce el efecto Pigmalión en su versión más negativa. Que no se realice la profecía autocumplida, sino que se construya una realidad de ciudadanos libres, con pensamiento crítico, capacidad de análisis, motivados a cambiar el futuro del país, porque sí creemos que cambiar se puede, y que el cambio es hacia adelante.

Habilidades

Publicado el

septiembre 9, 2019

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: