Del 2020 en adelante

,
Del 2020 en adelante

Hebert Gatto

Desde el ángulo de los liberales igualitaristas, para quienes la libertad  sin posponer la igualdad es prioritaria, o para la social democracia del siglo XXI para la cual el pluralismo no es concebible sin equidad social, el año que concluye constituye una cruel decepción. Un marcado retroceso civilizatorio ajeno a todo humanismo.

En los Estados Unidos, Donald Trump su imprevisible 45º Presidente, factor decisivo en el equilibrio político mundial, está sometido a juicio de destitución por abuso de poder y obstrucción al gobierno. La imputación, de inusual gravedad como ataque a los fundamentos morales y constitucionales  de su nación revela, según sus impulsores, la bajeza ética del personaje. Un tema que se agrava en atención a su personalidad de notorios rasgos paranoicos, cuyo patológico nacionalismo agrede la convivencia internacional. Por más que en esas actitudes, que exorbitan a su país, comulgue con un conservador y anacrónico Partido Republicano y con un sector de la población, propia y extranjera, encerrada en su ciego egoísmo. Un combo del que poco cabe esperar.

No muy lejos de estas conductas, aunque sea otra su personalidad, se encuentra  Boris Johnson, que con similar estrechez aleja al Reino Unido de la Unión Europea fisurando el proyecto trasnacional más importante de la historia. Un emprendimiento continental, que aún con sus imperfecciones, está inspirado  en el sueño kantiano de un mundo sin fronteras. Johnson no repara que con su actitud exclusivista, de vago racismo anglosajón pone en peligro la propia unidad del Reino Unido, amenazado por la secesión escocesa y la posible unificación irlandesa. Menos percibe que vivimos en un planeta cada vez más globalizado en todos sus aspectos, donde el resurgimiento de localismos anacrónicos, genera tensiones que poco ayudan a la humanidad. Un extremo que tampoco asumen los enfebrecidos catalanes.

De otro cariz pero con similares consecuencias, irrumpe el nacionalismo israelí comandado por Benjamín Netanhayu, quien igualmente inspirado en intereses políticos propios promete la injusta anexión de los territorios palestinos de la Cisjordania. Al prometerlo ahonda un conflicto de resonancias mundiales, funcional al dogmático mundo árabe y a sus expresiones terroristas. Un pueblo y un cultura munida de una cosmovisión para la que sólo las enseñanzas coránicas merecen respeto. No ayudan tampoco las aspiraciones imperialistas rusas de Vladimir Putin el belicoso ex agente de la KGB, que buscando anexarse Crimea y aledaños amenaza con revivir a Stalin. Mientras, con rasgos igualmente decepcionantes, avanza el calentamiento del planeta, un asunto donde los países más industrializados siguen envenenando una tierra que no les es propia. Esto sumado a la reaparición de populismos de derechas, vigentes en algunos países europeos, que propician líderes carismáticos, o que creen serlo, alienta una mezcla ideológica cercana al fascismo.

Por otro lado, desde una vertiente más culturalista pero en el fondo igualmente política, impera desde hace años un relativismo moral que impulsado por un neo modernismo anti ilustrado también descree de cualquier universalismo (incluyendo al humanismo), convalidando prácticas o costumbres, por más terrible que ellas luzcan, siempre que provengan de cualquier particularismo biológico o cultural. Tan convencido del valor de la diversidad que desconoce la generalidad de los derechos humanos y llega, en sus excesos deconstructivos, que los tiene y muchos, a proclamar la existencia de dos especies de home sapiens (1): mujeres y hombres.

A su vez, del lado de las izquierdas partidarias tampoco nada cabe aguardar. A partir de la implosión de la URSS, un acontecimiento que tiende a borrarse, las mismas han perdido el rumbo. Se quedaron sin marxismo, que bien o mal, con enmiendas, versiones, ratificaciones o rectificaciones señalaba su camino: la senda al añorado futuro socialista. Sin manual de instrucciones y formateadas por una memoria histórica radicalmente contraria a la social democracia, a la izquierda solo le quedó el populismo, al que otorgó proyección izquierdista. Para agravar el panorama, entre tanta desolación teórica extravió al proletariado, el protagonista puro y duro del cambio revolucionario. Esterilizada, privada de doctrina, las veces que debió gobernar solo pudo valerse de una práctica capitalista con la que no comulga, un anti imperialismo meramente retórico, un “pobrismo” canónico y la esperanza palingenésica en los grupos o movimientos sociales. Los nuevos elegidos por la historia para concretar la utopía. Cualesquiera que ésta y ellos sean. Desde mujeres a transexuales.  

Pese a un mundo tan hostil, que tan poco ofrece, no quisiera cerrar el año augurando pesimismo. Los orientales no lo merecemos. En el Uruguay luego de tres quinquenios de predominio político y cultural, nuestras izquierdas aprovechando la mejor coyuntura económica de la historia del continente consiguieron mejorar el PBI, utilizando para ello a la burguesía nacional. Obviamente el único sector social de una economía capitalista capaz de generar crecimiento. Duró varios años hasta que cambió la coyuntura externa. Terminada la bonanza, el peso de un Estado que, aprovechando el momento, había aumentado considerablemente su volumen, recayó sobre ese mismo empresariado frenando su crecimiento. En la escasez, la izquierda, sin programa desde los noventa, excepto su vaga alusión al borroso socialismo, ya no pudo conservar el gobierno. Nada, fuera de su arrogancia, tenía para ofrecer.

La sustituirá una coalición plural que ofrece combinar mercado, estado y equidad. Esta vez sin “velas” al socialismo, como Gas Sayago, Pluna, Aratirí o el puerto de aguas profundas. Con un programa que requiere apertura externa, contención en los gastos y un Estado activo y presente, que no hunda al mercado. Por más que en rigor, debilitadas las falsas certidumbres del siglo XX, ninguna propuesta política, de cualquier signo que ella sea, pueda asegurar el desarrollo. Eso ya pasó. El tiempo y las circunstancias confirmarán o no las promesas de la coalición multicolor, pero la intención de concretarlas resulta manifiesta. La esperanza, aún en un mundo sin certezas, sigue inspirando la política.

(1) Escrito en neo jerga.

Habilidades

Publicado el

diciembre 28, 2019

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: