Educación, educación, educación, pero ¡de verdad!

,

Escribe: Juan Carlos Rodríguez

La sociedad uruguaya en general, la educación en particular y especialmente los actores directamente involucrados (niños, niñas, adolescentes, jóvenes y docentes), se ha visto fuertemente afectada a nivel físico, emocional, educativo y social, por la pandemia de COVID vivida a nivel mundial. En particular, han sido los sectores que vivían y viven situaciones de mayor vulnerabilidad, quienes cargan en sus espaldas las repercusiones más dolorosas.

El buen desempeño del gobierno para enfrentar la pandemia, las fortalezas históricas del sistema de salud y del propio sistema educativo, así como los niveles de compromiso asumidos por la población, han contribuido a que la epidemia esté controlada y que la educación no haya sido de los ámbitos en los que tuviésemos brotes significativos.

Lo realizado hasta el momento es una buena base para avanzar hacia una situación más cercana a “la vieja normalidad” en términos de presencialidad en educación. En este sentido, vale recordar que a nivel nacional e internacional reconocidos actores institucionales han expresado sus consideraciones y recomendaciones en relación a un necesario incremento de la presencialidad en educación. Lo hacen en el entendido que la población menor de 12 años no es diseminadora de la infección, que solo alrededor del 50% de la población objetivo participó en las propuestas educativas en línea, que el centro educativo es un factor protector en especial en poblaciones más vulnerables, y que el impacto negativo causado en la salud y en los aprendizajes de los niños, niñas y adolescentes es argumento mas que suficiente para su retorno a los centros de enseñanza.

El gobierno ha avanzado en algo que es imprescindible: que el año lectivo en este 2021 comience con plena presencialidad de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en los centros de educación formal, como forma de continuar garantizando el derecho a la educación y al aprendizaje, en especial en los grupos más vulnerables.

Lo anterior va en línea con algo que es urgente: poner a la educación (y con ella a la infancia y adolescencia) como prioridad política en este contexto de pandemia. La educación pública ha sido de los principales baluartes y valores de nuestro estado democrático uruguayo, y debería ser por ende una de nuestras principales tablas de salvación para salir colectivamente de esta crisis sociosanitaria. Entonces, es necesario que las medidas anunciadas en enero se efectivicen, que se haga realidad aquello de “lo primero en abrir, lo último en cerrar”, como forma de preservar el espacio de encuentro y aprendizaje que son las escuelas, liceos y UTUs de nuestro país.

El país enfrenta una emergencia educativa que no es nueva, pero si no conseguimos “dar vuelta la taba”, si le seguimos dando vida a un sistema que produce desvinculación, rezago, bajas tasas de egreso, inequidades en lo aprendizajes…, entonces seguiremos condenando al fracaso a mas generaciones de uruguayos, y como sociedad nos habremos metido en zona de riesgo vital.

Los últimos gobiernos fueron incapaces de generar mejoras significativas en el sistema; por tanto, allí está el gran desafío para el actual gobierno y así lo asumimos al firmar el Compromiso por el País. Toca ir hacia las reformas más profundas y comenzarlas cuanto antes, pese a la pandemia y también producto de la pandemia, que evidenció aún mas los graves problemas que tenemos en el sistema educativo y empeoró la situación de los más vulnerables.

Esto implica que todos los actores del sistema (autoridades, sindicatos, familias, organizaciones sociales comunitarias, partidos políticos, etc.) hagamos nuestro trabajo para que la educación ocupe el lugar de privilegio que debe tener en una estrategia de desarrollo del Uruguay.

Habilidades

Publicado el

febrero 11, 2021

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: