El valor de lo divergente

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El valor de lo divergente

Sebastián Viera Téliz

Semanario Voces 22 de Noviembre 2018

Decía Churchill: “valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”.  Hoy todos somos valientes, pero solo a medias.

Es natural que aun en sociedades tan pequeñas como la nuestra, la política sea conflicto. Conflicto que por suerte existe; de otro modo, o todos pensaríamos igual, o nadie podría abrir la boca. Sin embargo, me temo que hoy estamos empezando a entender a este choque de ideas, como un portal al desprecio.

Sentarse y escuchar son actos que hoy nos hacen mucha falta. Los discursos políticos son una lluvia de aguijones cargados de críticas infamantes al rival. Las redes sociales se han convertido ya en el vertedero de la demagogia y el simplismo por antonomasia. La atracción que generan las noticias de política, es mayor cuanto más se arremeta contra alguien. En este escenario, el auténtico valor no está en mejorar nuestros cañones del descargo demagógico, sino en tomarse el tiempo para cargar de sentido al debate público. Este es, qué duda cabe, el valor que le busca agregar a la política uruguaya el acuerdo entre el Partido Independiente, Batllistas Orejanos, Avanza País y Navegantes.

La creación de este polo socialdemócrata es, antes que nada, una opción que llega para ensanchar los horizontes de nuestra vida política. Mientras se siga pensando a la realidad en términos binarios, flaco favor le estaremos haciendo al ejercicio de reflexión profunda que merece Uruguay. Con este espíritu, la razón indica que quienes piensen parecido y hagan política lejos de aquellos términos dualistas, voten juntos.

¿Pero qué somos? Somos portadores de una izquierda que no se templa ante los atropellos políticos que tanto escepticismo han generado en la ciudadanía. Una izquierda que quiere explorar nuevos caminos hacia la redistribución de la riqueza, la protección social y la educación gratuita verdaderamente de calidad. Una izquierda que no se manifieste como la voz suprema de la razón infalible, sino por el contrario, como una usina depuradora de nuestras prácticas políticas, que estimule el diálogo y el intercambio en pos de un proyecto nacional.

El desafío más lindo que tenemos por delante quienes cimentamos este proyecto, es transmitir a los desencantados que acá hay una opción auténtica por la cual vale la pena luchar. Creo que nuestros resultados dependerán de la tónica que asuman nuestros discursos. Si el foco será puesto en todo lo que ha hecho mal el partido de gobierno, bien podemos darnos por derrotados. Por el contrario, si el objetivo es mejorar la salud de nuestra política y traer nuevas soluciones a viejos problemas,  ya con esto habremos triunfado.

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