La AUF, La FIFA y el MEC

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La AUF, La FIFA y el MEC

Pablo Mieres

La situación institucional del fútbol uruguayo es realmente grave y está atravesada por un conjunto de
elementos sórdidos que han puesto al descubierto, nuevamente, la opacidad y la falta de transparencia
que rodea los asuntos comerciales y empresariales que se vinculan a la conducción del fútbol uruguayo.
Este es un tema muy viejo en el que, lamentablemente, el gobierno ha incidido indebidamente desde
hace años. Por ejemplo, es evidente que la renuncia de Sebastián Bauzá a la Presidencia de la AUF fue
consecuencia de un juego de alianzas entre empresarios y sectores del gobierno, incluido el ex
Presidente José Mujica, que culminaron con la sustitución de una conducción que buscaba poner, como
es debido, los intereses del fútbol uruguayo por encima de los intereses empresariales.
En esta oportunidad, cuando se produce la decisión de la FIFA de intervenir a la AUF, a la luz del
escándalo de las grabaciones difundidas y la descalificación de los candidatos a la presidencia de esa
institución por problemas de idoneidad ética, salió presurosa la Ministra de Educación y Cultura a
señalar que la FIFA no podía intervenir a la AUF porque implicaba una intromisión inadmisible en
nuestro país por parte de una institución internacional.

La salida de la Ministra Muñoz llamó fuertemente la atención por tres razones.
En primer lugar, por la velocidad con la que salió al cruce de la decisión de FIFA, en defensa de la
conducción de la AUF. En segundo lugar, porque su explicación fue una muestra muy triste de la
profunda ignorancia de la cartera con respecto al manejo de las reglas de juego en relación a la
regulación de las asociaciones civiles y, en tercer lugar porque su respuesta, tan jugada y apurada,
contrasta con la total renuencia que en otro tema muy vinculado al fútbol sostuvo su Ministerio
llegando al límite de la omisión.

Afortunadamente, la posterior salida de la Secretaría de Deportes con una actitud mucho más cauta y
ajustada a derecho, ofreciendo una posible mediación en el conflicto, evitó una mayor vergüenza, pero
no pudo ocultar que, dentro del gobierno sigue habiendo quienes pretenden hacer mandados a ciertos
intereses empresariales dentro del fútbol.

En efecto, lo primero que hay que decir es que el conflicto entre la AUF y la FIFA es un conflicto entre
instituciones sociales que se mueven dentro del ámbito de la sociedad civil y que no forman parte de
relaciones estatales. Por lo tanto, la FIFA sí tiene potestades de intervención sobre las asociaciones que
integran la Federación, nos guste o no nos guste, estemos de acuerdo o no con sus decisiones.
Pongamos por caso cualquier situación análoga en una organización religiosa o cultural que forma parte
de una red internacional. Por ejemplo, si se produce una crisis en la estructura local del Rotary Club
Internacional, o en la Iglesia Católica en alguna diócesis. Las autoridades internacionales pueden
intervenir y no necesitan pedirle permiso ni contar con la autorización de ninguna autoridad estatal para
hacerlo. Lo mismo ocurre con la relación entre la AUF y la FIFA.

Por lo tanto, la Ministra perdió una preciosa oportunidad de callarse la boca.
Pero, además, con respecto al fútbol uruguayo, lo que más llamó la atención fue que el MEC saliera
presuroso a “quebrar una lanza” por la AUF cuestionando la decisión de la FIFA, cuando frente a un

tema de notoria vinculación con este, referido a las irregularidades existentes en la conducción de la
Mutual de Jugadores de fútbol, se mostró renuente y demoró hasta el límite frente a los planteos del
movimiento “Más unidos que nunca” que, incluso, tuvo que acudir a la Justicia para que el MEC
asumiera la función que debía cumplir.

Allí sí le competía intervenir porque se trataba de la función de contralor que el MEC posee sobre el
funcionamiento de las Asociaciones Civiles. En este sentido, la regla consiste en registrar las
Asociaciones Civiles y Fundaciones e intervenir cuando se denuncian irregularidades por parte de
integrantes de estas organizaciones para asegurar, con cautela y cuidando de no transgredir límites de la
autonomía de la sociedad civil, que no ocurran abusos o violaciones de los estatutos por parte de las
autoridades.

Pues bien, en contraste con su rápida y errónea salida de estos días, el MEC demoró prácticamente dos
años en atender los cuestionamientos evidentes que presentó la enorme mayoría de los jugadores de
fútbol sobre la gestión de las autoridades de la Mutual.
Tuvo que llegarse a una situación límite para que, a las cansadas y con mucho desgano, las autoridades
ministeriales canalizaran, como correspondía, la decisión que permitió reordenar la conducción de la
Mutual de jugadores.

Muy grave el “doble rasero” para medir, opinar y actuar en diferentes situaciones por parte de las
autoridades ministeriales, y en los dos casos referidos sus posturas se orientaron en línea con los
mismos intereses empresariales que determinaron la renuncia de Sebastián Bauzá unos años atrás.
No sabemos cómo terminará este episodio.

Lo que sí sabemos es que el fútbol uruguayo se merece otra realidad institucional y que el contraste
entre este escándalo directriz con el desempeño futbolístico de la selección uruguaya que nos hizo
sentir a todos orgullosos es enorme.

Existe una oportunidad de redefinir las reglas de juego de la conducción del fútbol uruguayo, lo deben
hacer los actores involucrados, sin flechar la cancha desde el gobierno. Esperando que el resultado sea
la recuperación de ciertos valores fundamentales de honradez y autonomía con respecto a los diversos
intereses particulares.

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