LA FRÁGIL DEMOCRACIA CONTEMPORANEA

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escribe: HEBERT GATTO

            Cuando esto se escribe el ejército de Myanmar (ex Birmania), reiterando su  ambición de poder protagoniza un nuevo golpe de Estado contra el gobierno civil de la premio Nobel de la Paz Aung San Su Ki. Con esta renovada barbarie 50 millones de birmanos regresan a una sumisión castrense de más de medio siglo.

No se trata de sucesos inéditos en la historia contemporánea. Durante la Guerra Fría fue un espectáculo cuasi cotidiano. Lo vivieron Argentina, Brasil, República Dominicana, Ghana, Grecia, Guatemala, Nigeria, Pakistán, Perú, Tailanda, Turquía y Uruguay. No es sencillo olvidar la naúsea que nos atacó la madrugada de junio de 1973. Por más que no sea de este modo, tan cruento y claro, la forma en que en el nuevo siglo, perecen las democracias.   

            Steven Levitsky y Daniel Ziblat, en un libro recomendable, meditan sobre la nueva manera, callada y progresiva en que desaparecen las Democracias (1), atacadas por un silencioso mal interno. Hoy día el futuro autócrata surge de elecciones regulares, el Parlamento continúa funcionando y los Tribunales emitiendo sentencias. Ahora la corrosión avanza desde abajo, quebrando la confianza en instituciones, lentamente privadas de funciones. No hay tanques en las calles, ni se cierran las anchas alamedas, pero los medios se autocensuran, la oposición se autolimita y los ciudadanos temen y callan. Nicaragua, Venezuela, Polonia, Hungría, Rusia, la Argentina de Cristina, son ejemplos claros y recientes de este proceso implosivo, tan vinculado con el neopopulismo, que  amenaza la vida política actual. ¿Es lo mismo que ocurrió con Donald Trump?   

A responder este interrogante, dedican Levitsky y Ziblat su trabajo. Para ellos, sobrevolando las instituciones conocidas, dos mecanismos han primado en los largos doscientos años de estabilidad democrática de los EEUU: la tolerancia entre sus dos grandes partidos  admitiendo su mutua legitimidad y la idea que los políticos deben moderarse en sus intercambios. Estas normas subyacentes, no expresamente escritas, fueron desoídas en Europa en la década del treinta y en Sudamérica en los sesenta y setenta y terminaron en golpes clásicos. Siempre bajo el pretexto de recuperar el orden.

 Si bien Donald Trump y los actuales neopopulistas desconocen ambas garantías, no es con este tipo de insurgencia que atacan la democracia. Durante el gobierno de Trump su rival, el Partido Demócrata, fue considerado una agrupación extranjerizante, infiltrada por el comunismo internacional y sus representantes seres despreciables que conspiraron electoralmente para derrotar la “gran nación del Norte.” Para sus pares latinoamericanos y europeos, sus opositores conforman, aprovechadas élites liberales contrarias a la tradición en el populismo de derechas, clases decididas a preservar el “statu quo” económico en su similar de izquierda. En ambos ejemplos la “grieta” queda constituída y la institucionalidad, pese a la ausencia del golpe clásico, funciona a media marcha. Posiblemente Trump haya sido derrotado, concluyen estos analistas, pero nada indica que también lo sea el ubicuo neopopulismo contemporáneo.  (1)“Levitsky, S y Ziblatt, D. “Cómo mueren las Democracias, Ariel, Barcelona”

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Publicado el

febrero 4, 2021

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