LAICIDAD

Modificando la sensación imperante a mediados del siglo XX, es fácil advertir que el tema de la laicidad no se encuentra resuelto. Resulta bastante notorio el surgimiento de un clima espiritual proclive a la religiosidad, probablemente motivado por el declive de las confrontaciones político ideológicas.

Ello ha llevado a una alteración de las relaciones entre los estados, o muchos de ellos y las opciones religiosas de sus poblaciones, que parecen revivir los enfrentamientos de finales del siglo XIX cuando, como solución se consolidó la aconfesionalidad de los estados.

El fenómeno resulta actualmente exacerbado por el aumento de la inmigración musulmana (53 de cuyos estados niegan la laicidad) y es manifiesto en Europa, que atraviesa enormes problemas con sus actuales olas migratorias que pretenden la indemnidad de sus prácticas religiosas.

Si bien en el Uruguay estamos lejos de estos extremos, ultimamente aparecieron algunas indicios de su reactivación. Hace unos meses el comandante del Ejército invitó a sus subordinados a concurrir de uniforme a una misa en honor de la institución mientras sobre fin de año, les recordó en mensaje oficial que el 25 de diciembre se celebra en la navidad, “el recuerdo de aquel que vino al mundo con un mensaje de paz y cuya muerte en la cruz marcó un antes y un después en la historia de la humanidad” Como era de esperar, esta versión motivó críticas varias que le recordaron que cuando actua en representación del Ejército debe ceñirse a la Constitución de la República que le veda toda manifestación oficial de carácter religioso, como lo son, la promoción oficial de actos de culto en honor a la fuerza, o las menciones a dioses en festividades públicas.

Por su lado el Cardenal Daniel Sturla, culto, paciente y civilizado, está empeñado en debilitar la interpretación tradicional de la laicidad impulsando una versión cortés de la misma. Tan colaborativa que pone en duda la imprescindible neutralidad del estado en materia religiosa. Nuestro prelado omite que según el art. 5 de la Constitución de la República el estado “no sostiene religión alguna”. Tampoco ninguna ideología. No se trata con esto de exagerar ni resucitar fantasmas, sólo recordar que la laicidad impone obligaciones al Estado en aras de la libertad de conciencia. Base de las restantes libertades y fundamento de la democracia.

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Publicado el

marzo 5, 2018

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