Lo que se juega en los consejos de salarios y la rendición de cuentas

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Lo que se juega en los consejos de salarios y la rendición de cuentas

En estos días comienzan dos instancias de definición fundamentales para el futuro inmediato de nuestra economía.

Han comenzado las instancias previas a la definición de los Consejos de Salarios que establecerán los criterios de aumentos salariales de buena parte de los trabajadores privados en los próximos tres años y, además, se dirimirán los contenidos de la última Rendición de Cuentas de este gobierno, cuyos resultados determinarán los contenidos del gasto público y, por consiguiente, los salarios de los funcionarios públicos correspondientes a 2019 y 2020.

El contexto de la economía de nuestro país indica la existencia de importantes alertas de corto y mediano plazo. La desocupación sigue aumentando, alcanzando su registro más alto (9.3%) en los últimos once años y se aproxima peligrosamente a los dos dígitos, con todo lo que ello implica desde el punto de vista simbólico.

Por otra parte, junto a esta tendencia de aumento del desempleo, se registra un descenso del porcentaje de la población efectivamente ocupada, lo que agrega un elemento adicional también preocupante. No sólo aumenta el desempleo, sino que se reducen los puestos de trabajo. El propio Ministro Astori ha reconocido la pérdida de más de cuarenta mil puestos de trabajo en los últimos dos años.

O sea que las condiciones del mercado de trabajo son realmente preocupantes y las perspectivas no indican que vayan a mejorar en el corto plazo. A su vez, desde el punto de vista del funcionamiento de los actores productivos, es indudable que se está viviendo una seria crisis de competitividad. En efecto, buena parte de los empleadores de diferentes sectores productivos (hay heterogeneidad en la realidad según los sectores) están registrando una crisis que afecta su rentabilidad debido a problemas muy agudos de pérdida de competitividad.

En efecto, los actores productivos, no sólo el sector agropecuario, sino también los comerciantes y, en particular, los pequeños y micro empresarios, enfrentan una ecuación de costos que está determinando que muchos de ellos sufran pérdidas crecientes. Incluso, sectores de excelencia con altísima productividad, como el sector arrocero, están cerrando sus ejercicios con pérdidas importantes y el área productiva se ha ido reduciendo en los últimos años.

Es por eso que nuestro país asiste a una situación que puede parecer curiosa. Nuestro país crece y, simultáneamente, no mejora el empleo. Por si quedara alguna duda con respecto a esta alerta, la reducción de la recaudación tributaria verificada en el último mes agrega otro motivo de preocupación.

Y no mejora el empleo porque los empleadores buscan ajustar su ecuación productiva por donde pueden. No pueden incidir en los precios internacionales, ni en el valor del dólar, ni en los impuestos, ni en las tarifas que fija, impasiblemente, el gobierno. Por tanto, su margen de maniobra se concentra rápidamente en la restricción de los puestos de trabajo. Si se puede aumentar la actividad con la misma plantilla, así se hace para buscar un equilibrio que les permita un resultado empresarial razonable.
A su vez, el gobierno tiene un margen de maniobra muy estrecho porque ha permitido una loca expansión del gasto público en los tiempos de gran bonanza cuya inercia le impide ahora reducir el déficit fiscal, a pesar de haber realizado ya varios mini ajustes que incluyeron aumentos impositivos y tarifarios con objetivos fiscales.

Mientras tanto, el motor del crecimiento es el consumo, enancado en un constante aumento del salario real, pero que no está sustentado en un crecimiento productivo genuino, lo que determina el límite de este proceso. A su vez, el gobierno expande su endeudamiento de manera permanente para financiar el déficit, lo que en el mediano plazo puede convertirse en un problema importante.

Así las cosas, los dos frentes de discusión que se abren para el gobierno son cruciales, ya no sólo para lo que resta de este gobierno, sino para la situación que habrá de recibir el próximo gobierno.

En ese contexto resultan muy preocupantes las posturas asumidas por el PIT-CNT, reclamando aumentos de impuestos que el aparato productivo y los sectores medios de este país ya no resisten y, al mismo tiempo, relativizando o subestimando la importancia del déficit fiscal.

Desde esta perspectiva, resulta claro que para el movimiento sindical la prioridad sigue siendo seguir aumentando el salario de los trabajadores privados que tienen empleo y de los funcionarios públicos que son inamovibles, aunque ello inevitablemente signifique afectar a los desempleados, aumentar el número de trabajadores que se quedan sin empleo y poner en riesgo el equilibrio macroeconómico del país.

En esa misma línea, de grave irresponsabilidad fiscal y falta de sustento del equilibrio macroeconómico, se suman las declaraciones recientes del Ministro de Trabajo, Ernesto Murro, relativizando el cuidado sobre la magnitud del déficit. En tal sentido, además, su posicionamiento alimenta una gran preocupación sobre los verdaderos balances existentes en el gobierno.

En efecto, los esfuerzos de sensatez promovidos desde el Ministerio de Economía que advierte sobre la ausencia de margen fiscal parecen enfrentarse a una sumatoria de aquellos que, también en el gobierno, no tienen conciencia de que la “fiesta terminó” y, cálculo electoral estrecho mediante, no tienen problema en “patear la pelota para adelante” para satisfacer a sus apoyos político electorales.

La sensación que tenemos es que la línea de la irresponsabilidad y la demagogia se impondrá nuevamente y que la propia conducción económica, como tantas otras veces en los últimos años, aceptará resignadamente su derrota, tratándola de “venderla” como un éxito.

El antecedente más inmediato de este tipo de desenlace fue lo ocurrido con respecto a la solución legislativa alcanzada para el problema de los “cincuentones”, en donde finalmente se impuso la alianza del PIT-CNT con el Ministro de Trabajo y los sectores mujiquistas que son, al fin y al cabo, los que mandan en el gobierno, haciéndole gastar al país el doble de recursos de los que podrían haberse logrado con una solución razonable.

Ojalá nos equivoquemos, porque si los hechos evolucionan de la forma que parece, nuestro país enfrentará momentos cada vez más complicados y, particularmente, los que no tienen empleo o están en situación laboral precaria, junto a los pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia, serán los que paguen la cuenta de los corporativismos irresponsables, los cálculos electorales menores y los posicionamientos ideológicos anacrónicos.

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