No hay vuelta atrás

Para hablar del Día de la Mujer y de los feminismos, creo que primero que nada tenemos que ir perdiendo la costumbre de querer encasillar y adjudicar cosas a algo, de lo que ni siquiera formamos parte o conocemos demasiado. 

He leído y escuchado disparates como tratar de antónimos al feminismo y al machismo; como pensar que el feminismo se basa en la superioridad de la mujer y busca privilegios; que existen feministas radicales y no radicales; o que el feminismo se ha deformado y perdido el norte. Lo cierto es que está cada vez más presente en todos los rincones de nuestra sociedad; cada vez más mujeres nos sentimos parte de algo mucho más grande de lo que podríamos pretender y todas nos vamos adueñando de lo que siempre nos correspondió, pero nunca nos perteneció. 

¿Hay desacuerdos? Si. No todas coincidimos en qué feminismo queremos, pero en lo que sí coincidimos es en que no queremos seguir sobreviviendo en este mundo machista que nos invisibiliza, nos condiciona y nos mata, sólo por ser mujeres. 

Me he pasado la semana intentando evitar hablar de las acciones violentas y aisladas que sucedieron en la marcha, porque considero que son cosas que no representan a nadie y hablar de ello desvía la atención de lo que realmente nos convoca. Pero tengo que reconocer que el episodio lamentable de las manchas de pintura nos terminó haciendo un favor por otro lado: nos dejó ver la hipocresía de muchos. 

Me gustaría que primero hayan apoyado a la causa y ver ese grado de indignación en las injusticias de nuestro sistema y en cada vida que se cobran los feminicidios, antes que haber corrido a twittear para condenar tres bombitas de pintura a una pared. Me gustaría ver una convicción y compromiso tan fuertes contra la desigualdad de género, como la que tuvieron al desmarcarse del anticapitalismo y las consignas antifascistas. 

Nos dejó ver también el machismo presente en la justicia de nuestro país, donde amerita investigación de oficio una sola acción violenta perpetrada por mujeres contra una pared, y no así las decenas de casos de abuso llevados adelante por sacerdotes de la misma iglesia. A nadie le alarma que las prioridades sean esas?

El 8 de Marzo todas tuvimos un motivo por el que unirnos y marchar. Son más fuertes nuestros reclamos que nuestras diferencias. Es mucho más grande el enemigo que combatimos juntas que lo que nos podría dividir. Marchamos mujeres de todas las edades, ideologías, partidos políticos, organizaciones con diferentes perfiles, pero aún así a pesar de mil diferencias, lo que reinaba en la marcha era complicidad. Primó la libertad de que todas nos expresemos con respeto de la forma en que lo sentimos, por eso debemos aceptar que las reacciones y las maneras de manifestarse son muy personales y más en estos temas con tanta sensibilidad. El feminismo quizás sí se muestre deformado, porque ya no pertenece a un grupo sino que nos pertenece a todas. En las movilizaciones del Día de la Mujer, cada una lleva su propia consigna y hace escuchar su propia voz. Lo que hoy hace fuerte al movimiento es que todas nos podamos sentir parte desde nuestro lugar y cada vez sean más las mujeres que se van dando cuenta que esto nos afecta a todas en mayor o menor medida.

El feminismo tiene eso que casi ningún otro movimiento puede ostentar, y es que nos vamos a defender entre todas, aunque no estés de acuerdo con nuestra lucha, lo vamos a hacer por vos también. Cada 8M seguiremos marchando porque estamos vivas, pero no sabemos hasta cuándo.

Melisa Freiría

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