¿Qué nos deja esta pausa forzada?

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Por Melisa Freiría

Transitamos una pandemia que profundizó todas las desigualdades y problemas preexistentes, que nos trajo algunos nuevos, nos movió la estantería, reordenó nuestras prioridades y resignificó nuestros vínculos.

Muchas veces cuando la situación nos supera tendemos a buscar las fallas en “el sistema” o “el mercado” y así es que le escapamos una y otra vez a las responsabilidades que tenemos como personas integrantes de una sociedad. Así como el sistema o el mercado no nos resuelven la vida, tampoco nos la condenan por sí solos.

Un mundo distópico es perfectamente posible y no se encuentra tan lejos. Lo que considerábamos conquistado y garantizado en la “normalidad”, puede desaparecer en cuestión de semanas si no se construye sobre pilares sólidos.

La cultura de cada país, sus gobernantes y las condiciones pre-covid marcaron un desarrollo distinto en la propagación del virus, pero hay algunas cosas que son comunes a todos. El encierro y distanciamiento social aumentaron la violencia de género y los cuidados necesarios tanto de adultos mayores como de niños que no asistían a los centros educativos, recayendo de forma inequitativa sobre la mujer. También nos dejaron en evidencia cuánto necesitamos de las redes de contención social y de frecuentar nuestros espacios.

Pero, ¿qué aprendimos de todo esto?

Estoy convencida que los hábitos de consumo se verán alterados aún pasada la pandemia.

– Vimos que en muchos casos no es necesario trabajar 8 horas y 5 días a la semana de forma presencial y que algunos trabajos incluso se pueden hacer de forma totalmente remota.

– Generamos cierta costumbre de no hacer compras de forma presencial y utilizar más los mecanismos de envío.

– Comprobamos que se puede estudiar en algunos niveles a nuestro propio ritmo y accediendo de forma on line a una oferta educativa diversa, gratuita o a bajo costo.

– Le dimos un mayor uso a la tecnología para estar al servicio de las personas, ahorrando tiempos y distancias.

– En países de oriente donde las distintas religiones tenían muchísimas prácticas nada amigables con el medioambiente y muy insalubres -como beber todos de la misma fuente pública-, se adaptaron a opciones alternativas y más sanas para todos.

Sin duda algunos de estos hábitos que nos mejoran el día a día permanecerán una vez superada completamente la pandemia. Dimos el paso de implementar nuevas formas porque la realidad nos obligó a hacerlo. Nos adaptamos como pudimos y de manera inmediata asimilamos ciertos cambios por un tiempo.

Hicimos una pausa, necesaria. Una pausa forzada y con enormes costos en todo el mundo. Si estas incalculables pérdidas fueran totalmente en vano, mereceríamos la extinción.

Habilidades

Publicado el

junio 18, 2020

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