Pablo Mieres

Durante largos años señalamos que el gobierno uruguayo estaba actuando como la cigarra en la conocida fábula. En los tiempos de enorme bonanza se expandió frenéticamente el gasto público, al punto de que se disparó el déficit fiscal a niveles muy exagerados. No hay que olvidar que en 2010 el mensaje presupuestal del gobierno proyectaba que terminaría el período con un déficit fiscal de 0.8% del PBI.

El PBI creció mucho más de lo proyectado y, aun así, el gobierno de Mujica terminó multiplicando por cuatro veces y media el déficit que había comprometido en aquel momento, dejando para el gobierno siguiente un déficit de 3.6% del PBI.

Si se habrá gastado y despilfarrado en los tiempos de Mujica. Tiempos que, por otra parte, se caracterizaron por la sorprendente división de la conducción económica en dos equipos. El del MEF que dirigía el astorismo y el de la OPP que respondía al irresponsable presidente.

Bueno es decir que los encargados de la política económica del MEF apenas protestaron alguna vez en voz poco audible y toleraron los desquicios de los mujiquistas que creían que la bonanza sería eterna y dilapidaban recursos con total desparpajo. El FONDES y ANCAP son los emblemas más relevantes de tal irresponsabilidad. La suma de las pérdidas, sólo de estos dos fracasos, indica que el Uruguay se rifó mil millones de dólares.

Todos responsables. Los que dilapidaron sin límite acompañando la gestión del inefable presidente y los que sabían que esto ocurría y dejaron correr sin renunciar ni exigir otra cosa.

Una y otra vez, desde diferentes voces se advirtió que se estaba perdiendo una oportunidad inédita para hacer las reformas que había que hacer, cuidar la disciplina fiscal y mejorar la calidad del gasto público. Dijimos que el gobierno actuaba como la cigarra y que, tarde o temprano la bonanza acabaría y vendrían los problemas y las dificultades.

El Frente Amplio actuó con total irresponsabilidad, al punto de que al estrenarse el segundo gobierno de Vázquez, este dijo que se encontró con un escenario mucho más deteriorado del que había imaginado. Insólito. Eran del mismo partido y, en particular, el Ministro de Economía era el Vicepresidente del gobierno anterior y el responsable de la conducción del MEF. ¿No sabían? Obvio que sabían y que toleraron, motivados por el afán electoral, que ocurrieran los graves despilfarros.

Pero, además, el Frente Amplio se acostumbró a gobernar en la abundancia (que dicho sea de paso no dependía de su capacidad de gobierno sino de una coyuntura internacional fantástica) y acostumbró a los diferentes sectores que dependen del gasto público a reclamar y obtener más y más recursos. Por lo tanto, siempre era posible acceder a los reclamos y generar la idea de la “fiesta interminable”, así se acostumbraron los sindicatos y el Frente Amplio.

Por eso, cuando vino el “cambio de viento” y la economía enfrentó y enfrenta dificultades y el gasto público sigue con su inercia creciente, el actual gobierno resolvió continuar (aunque enlenteciendo su generosidad) otorgando respuestas a las demandas, aumentando impuestos y tarifas públicas, a costa de la pérdida de competitividad. Así sobrellevó los primeros años de este período de gobierno. Pero ahora ya no se puede apretar más sobre el aparato productivo, porque la pérdida de competitividad ha llegado a un límite insostenible que explotó en los reclamos sociales.

Entonces, se produce esta Rendición de Cuentas en la que nuevamente se aumenta el gasto, sabiendo que este incremento le dejará en herencia una situación muy complicada al próximo gobierno. Basta señalar que, sin el nuevo incremento del gasto, el déficit fiscal anunciado esta semana trepó al 4% y, más allá de eventuales efectos coyunturales que lo expliquen, pone en evidencia que el gobierno, lejos de ir por el camino de su reducción, va rumbo a un mayor deterioro. Por lo que nadie sensatamente cree que el gobierno cumpla con su promesa de reducir el déficit al 2.5% del PBI.

Ni hablemos del incremento del endeudamiento público. Los datos más recientes que manejamos refieren a 2016, pero todo indica que al final de este período de gobierno el endeudamiento se acerca peligrosamente al 50% del PBI.

Mientras tanto, los sindicatos y ciertos sectores del Frente Amplio siguen reclamando y presionando porque se niegan a aceptar la realidad de que no hay más para repartir. Sectores del gobierno promueven aumentar aún más el déficit fiscal para satisfacer a su clientela y el movimiento sindical propone nuevos impuestos a los “ricos” como si no advirtieran que esta opción terminará por afectar a los trabajadores más débiles porque una mayor presión tributaria impactará aún más en los puestos de trabajo.

Pasó el verano y mientras la cigarra se reía de la hormiga porque trabajaba para acumular reservas para el invierno, ahora se encuentra desprotegida y sin reservas para enfrentar el invierno. Claro que algunos siguen creyendo en el “verano eterno” y siguen actuando como la cigarra, total es muy probable que sean otros los que tendrán que hacerse cargo del desastre.

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