Seguridad y violencia delictiva

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Por Hebert Gatto

Según se informó, hace unos pocos días en Malvín Norte un grupo de más de 70 vecinos munidos de palos y piedras la emprendió contra policías, que en procura de delincuentes actuaban en la zona. El incidente, particularmente violento, además de reiterar una actitud colectiva con precedentes en los últimos meses, involucra a sectores no directamente implicados en el delito, pero a menudo indiferentes a sus consecuencias. Esto señala una creciente fractura social y territorial, que tiende a hacerse más notoria en circunstancias como las actuales cuando el país y su nuevo gobierno afrontan un gravísimo problema de inseguridad.

Pese al acotado progreso moral y jurídico de la humanidad, y al relativo mejoramiento de su situación económica global, la marginación, exclusión y la correspondiente hostilidad hacia la sociedad de sectores poblacionales de variada composición, avanza en vastas zonas, particularmente en América Latina y África. No existe una clara explicación del fenómeno, que si bien se vincula con los niveles de ingreso relativos, no se agota en esa explicación. Aún cuando no haya dudas que la justicia social resulta fundamental para su reversión. Chile es claro ejemplo de esto. En Uruguay, la baja de la pobreza coincidió, paradojalmente, con el aumento de sus índices delictivos, lo que indicaría que se trata de un fenómeno donde las lesiones a la autoestima y una socialización deficiente, se mezcla con factores culturales y territoriales diversos, frenando la influencia de las mejoras meramente económicas. No es arriesgado decir, aún cuando sea hipotético, que alrededor de un 10% de la población uruguaya, no se siente plenamente integrada al quehacer nacional y un número similar lo hace sin mayor convicción. Un porcentaje de población que con su desapego, su nihilismo, por atribuir su causalidad al “sistema”, o confundirlo con el cliché de la “lucha de clases”, no internaliza el delito como problema y recela de los aparatos de seguridad.

Este es el real panorama de fondo, en el que debe encararse este tema, en definitiva un sub problema con características propias, que refiere a los grados de identificación de la población con la comunidad y con sus semejantes. Identificación que en los sectores que hemos cuantificado se presenta como una actitud de insensibilidad hacia los otros que excede a partidos e ideologías, aún cuando resulta influenciada por ellos. Por más que este carácter consecuencial de la violencia delictiva, su indudable pertenencia a una problemática social más amplia y profunda, no autoriza a que se la trate como un asunto que puede desatenderse o posponerse. Sí supone que al enfrentarla, con toda la energía que su reto supone a la sociedad, no deba olvidarse el contexto en que se inscribe, no dando razones a la anomia e indiferencia de los descreídos.

Para lograrlo no puede perderse la línea. La gravedad del desafío, la necesidad de dar satisfacción a la lícita demanda de seguridad, no debe debilitar garantías y derechos que, sin ninguna excepción, gozan todos los habitantes de la República. Además de ello, que damos por descontado, es necesario cuidar los estilos de relacionamiento entre policía y población y las formas en que sus jerarcas los comunican, sin dar razones para pretextos infundados.

Habilidades

Publicado el

marzo 13, 2020

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