Sembrar adentro, cosechar afuera

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Sembrar adentro, cosechar afuera

Un dia si y otro también somos testigos (directos o indirectos), de hechos delictivos cada vez más violentos que se suceden en diferentes lugares del país. Ya casi no hay pago donde los amigos de lo ajeno no hayan hecho una visita nada amigable.

“Estamos hartos”; “me tienen acobardado con los robos”; ”me robaron el comercio y mi casa 5 veces en 7 días”; “mi comercio ya no vale un mango porque estoy en zona roja”….estas y otras peores, son algunas de las expresiones que recogemos en distintos encuentros con vecinos de diferentes zonas de Montevideo.

La verdad es que la gente está harta y con razón; la (in)seguridad se transformó en tema central para la vida de quienes habitamos Uruguay.

La lista de dimensiones a abordar/trabajar/resolver para entrarle al tema y solucionarlo es larga, variada y está ocupando a mucha gente.

Pero esta vez quiero detenerme en un área de esta situación, que no ocupa el lugar destacado que creo debe tener en la solución al problema. Me refiero a los supuestos procesos de rehabilitación de las casi 11500 personas privadas de libertad en las cárceles de Uruguay.

Cada año se liberan unas 5000 personas del sistema. ¿Se “liberan”? Diría que en realidad cumplen la pena que se les impuso y preparan su siguiente ingreso al sistema, un poco más “profesionales” que la primera vez.

Porque con una población privada de libertad de la cual el 39,4% es primaria y el 61% reincidentes; el 20% analfabeta o cuasi analfabeta y con solo una de cada cinco personas realizando actividades de educación formal, el panorama es complicado. Más aún si tenemos en cuenta que al momento del egreso no tiene qué hacer, ni dónde vivir, ni con quién vivir, que mientras estaba en cárcel no estudió ni trabajó aportando a su seguridad social, y si trabajó no cuenta como experiencia para conseguir empleo. Y además es una persona que probablemente haya sido sometida a tratos inhumanos y/o degradantes  según el informe del Comisionado Parlamentario.

¿Cómo revincularse quien sale de la cárcel sin habilidades para desempeñar un trabajo digno, sin dinero, sin un mínimo de valoración personal, que llega a donde nadie lo espera, castigado por la justicia (porque cometió delito), por la sociedad, por la propia cárcel, y sin posesiones…?

Con ese panorama ¿qué esperamos que haga una persona que estuvo presa y ha recobrado su libertad? ¿Tiene otra opción que la de volver a cometer delito? Con el panorama descripto, debería asombrarnos que no sucediera eso.

Tal como están las cosas, el propio sistema se ha perfeccionado como una máquina de fabricar ciudadanos de segunda, desechables, desafiliados del circuito de construcción ciudadana socialmente validado.

En tanto no se utilice el período de reclusión para trabajar/sembrar aspectos tales como educación, trabajo y salud, claves para reducir las chances de fracaso al egreso de la reclusión, seguiremos perdiendo la oportunidad de generar algo positivo con quienes tienen todas las de perder afuera y seguirán condenados a la expulsión del colectivo social. En consecuencia, se ahonda la brecha social, se fomenta el resentimiento y se genera mas violencia en el siguiente delito.

El gobierno también ha fracasado estrepitosamente en esta área que es clave en la situación de inseguridad que vivimos. Y aquí también debe cambiar decididamente de paradigma, porque en tanto continúe apelando a la buena voluntad de algunos buenos funcionarios, a las experiencias aisladas de algunas cárceles, pero sin transformar la estrategia de trabajo con la población privada de libertad, seguiremos teniendo los mismos resultados adentro y afuera.

Habilidades

Publicado el

junio 27, 2018

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