¡Sí juro! Esperen… ¿Qué juro?

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¡Sí juro! Esperen… ¿Qué juro?

– ¡Sí juro! – Y con esas dos palabras dirigidas a quien lleva la ceremonia juramos todos la bandera en nuestro primer año de liceo mayoritariamente, o más tarde si la situación lo requería.

Muchas preguntas se hacen presentes sobre el sentido que tiene este acto protocolar, su obligación y exigencia como requisito previo para el ingreso a estudios terciarios y cargos públicos. La discusión acerca de la famosa “jura de la bandera” podría durar horas y deberíamos evocar contextos históricos y sociales que nos ayudaran a entender su creación y fundamento. Pero simplemente hay una pregunta en la que no puedo evitar detenerme… ¿Es la discusión más importante que tenemos para dar en educación hoy?

No es la primera vez que me invade el sentimiento de que las discusiones más populares en materia educativa son sobre hechos de relativa (o nula) influencia en el día a día de nuestros alumnos. Recuerdo hace un tiempo, cuando el “problema” más visible para la sociedad era el color de la túnica ¡Como si tener una túnica verde en lugar de blanca mejorara sustancialmente la enseñanza!

Hoy en día este sentimiento se hace presente nuevamente. El sentimiento de perder tiempo de discusión sobre las problemáticas educativas con temas que, ante otras reformas más necesarias y urgentes de nuestro sistema educativo actual, pueden esperar su momento adecuado.

En un país en el que menos de la mitad de sus habitantes no terminan secundaria antes de los 24 años, y donde los jóvenes de niveles socioeconómicos más altos tienen cinco veces más posibilidades de terminar la educación media superior que los más pobres (según datos del INEEd), no hay tiempo que perder en exigir el comienzo de procesos reales de larga duración que sean transformadores para la educación.

Quizás, retomando el principio de esta columna, sea un buen momento para recordar que una parte de lo que se jura cada 19 de junio es honrar nuestra Patria con la práctica constante de una vida digna, consagrada en el ejercicio del bien para nosotros y nuestros semejantes.

Lejos de querer opinar sobre este acto protocolar por creer que no es el momento, creo que es de un valor inigualable que nuestra vida se aboque al bien de nuestros semejantes. Por eso, estoy convencido de que discutir y consensuar acerca de cambios reales en materia educativa, no puede hacerse esperar.

Joaquín Bergeret

Habilidades

Publicado el

junio 24, 2019

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