Somos la garantía del cambio: integración social y transparencia

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Somos la garantía del cambio: integración social y transparencia

Hace mucho tiempo que sostenemos que es imprescindible que ocurra un profundo cambio en nuestro país. Habíamos señalado que se ha acabado un ciclo político y que este gobierno saliente ha sido incapaz de resolver ninguno de los problemas acuciantes y urgentes que nuestra sociedad vive y sufre. Y al no resolverlos, estos se han agravado y, además, han surgido nuevos problemas.

La posibilidad de la alternancia es un componente muy saludable de la democracia, la fortalece y renueva. Cuando un partido o una fuerza política no es capaz de responder adecuadamente a la situación del país, el voto ciudadano impulsa un cambio buscando la mejor respuesta.

Y asumir la posibilidad de la alternancia implica hacerlo sin dramas ni conflictos; el cambio de partidos en el gobierno es parte de la convivencia democrática y, si esta se lleva adelante por la voluntad ciudadana, será un nuevo indicador de la fortaleza de nuestra democracia.

Dentro de cuatro meses los uruguayos se juegan su futuro por los próximos cinco años. Es una instancia muy relevante y crucial. No tengo dudas de que la gran mayoría de los ciudadanos lo saben y buscan un cambio para salir adelante y mejorar sus condiciones de vida.

Nuestro partido es parte de este proceso de cambio, aportando su propia propuesta que será una de las claves para definir los contenidos del país de los próximos años.

Porque la voluntad de cambiar es un primer paso, pero el gran debate es la definición de los contenidos y de las características del cambio. Porque no sirve cualquier tipo de cambio, ni será positivo para el país que una nueva configuración de gobierno se construya sin ciertas garantías fundamentales para mejorar efectivamente las condiciones de vida de nuestra gente. Tampoco sirve un cambio volcado hacia la conservación o hacia el pasado, no es deseable una restauración, sino una transformación en clave de Siglo XXI. 

Nuestra propuesta tiene respuestas en todos los campos de la vida del país. Estamos orgullosos de nuestro programa que es la concepción más completa de “Un cambio hacia adelante”. Pero, en particular, nosotros podemos aportar dos componentes decisivos de un proyecto de transformación que se convierten en una verdadera garantía del cambio.

En primer lugar, nuestro especial énfasis en la recuperación de la convivencia social.

Existe una profunda afectación de la integración social que contrasta con una década de crecimiento económico que, sin embargo, no se tradujo en la construcción de una sociedad solidaria e integrada.

Es imprescindible un paquete de políticas sociales nuevas, de contenido promocional, con foco en la primera infancia y en las familias que viven de manera angustiante la situación de exclusión y vulnerabilidad. Una profunda reformulación de las políticas sociales de gobierno con fuerte concentración en viejos instrumentos que deben redefinirse con la participación directa de las familias y la comunidad, nos referimos al Plan CAIF y a las Asignaciones Familiares.

Necesitamos llegar a todos los niños de 0 a 3 años y sus familias en situación de exclusión y vulnerabilidad para impulsar un proyecto contundente con participación de padres y madres para lograr que, en esa etapa de la vida, tan crucial en el desarrollo afectivo y cognitivo de los seres humanos, se reconstruya una dinámica que permita el tránsito luego a una trayectoria educativa exitosa.

Obviamente, esto va de la mano con la imprescindible reforma educativa que debemos apoyar y desarrollar con énfasis en el próximo período de gobierno, la reforma penitenciaria y la construcción de una política sólida dirigida a las personas con adicciones.

Y el segundo aporte sustancial que nuestra propuesta debe incorporar en un proceso de cambio político para el Uruguay de los próximos años es la exigencia de un conjunto de medidas que reclamen la transparencia y el impulso de medidas fuertes que afirmen la ética en la gestión pública.

Los viejos vicios de la política, el acomodo, el clientelismo, la opacidad y la falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos son un riesgo y una amenaza para un cambio político.

Es que, justamente, la transformación del país no debe ser sólo un cambio de políticas públicas, sino que debe incorporar un cambio profundo en las viejas prácticas de la política.

Los partidos históricos no han sido, ni son ajenos a estos riesgos, es más muchos de sus dirigentes han estado asociados fuertemente a este tipo de prácticas que hay que erradicar. Por lo tanto, nuestro aporte exigente en materia de transparencia y ética en la gestión pública será un componente esencial de nuestro reclamo en la construcción de un nuevo cambio político.

Nosotros creemos que es imprescindible la reducción sustancial de los cargos de confianza en el aparato del Estado, volviendo a un ejercicio austero y prudente de las gestiones del gobierno nacional y, también, de los gobiernos departamentales.

Nos parece, además, imprescindible que los organismos de contralor de la gestión pública se fortalezcan sustancialmente.

El Tribunal de Cuentas debe ser un organismo con competencias para hacerse obedecer en decisiones patrimonialmente relevantes; es decir que sus observaciones posean carácter suspensivo, obligando a los jerarcas a corregir los actos de acuerdo al contenido de dichas observaciones. Y la Junta Anticorrupción debe tener mayores competencias de investigación y, sobre todo, debe estar dotada de recursos materiales y humanos que le permitan cumplir ese papel tan crucial.

En síntesis, nuestro aporte específico se construye en torno a la idea de que no cualquier cambio será positivo para el país. Sentimos que nuestro aporte es fundamental para garantizar un cambio solidario y transparente; en definitiva, un cambio hacia adelante.

Pablo Mieres

Habilidades

Publicado el

julio 8, 2019

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