Tensiones (y conflictos) entre izquierda y estatismo

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Por Javier Lasida.

La resolución del conflicto por las pasividades de los cincuentones mostró dos maneras de ver las políticas públicas, que justamente por eso conviene analizar más allá del tema en cuestión.

Una buscó soluciones al problema, procurando combinarlas con el interés general y con los objetivos de equidad propios de las visiones de izquierda. El otro enfoque centró el problema en las AFAPs, las responsabiliza de éste y otros males y procura debilitarlas con el propósito manifiesto de, más adelante, poder eliminarlas. En esta segunda posición termina importando más el monopolio estatal de la política que sus objetivos y resultados. Al final de cuentas es una posición más estatista que de izquierda. Quienes la sostienen no van aceptar este análisis, justamente porque entienden que no hay contradicción. Desde su punto de vista la única forma de ser de izquierda es ser estatista.

Esta tensión estalla en un conflicto en el área de seguridad social. Interesa observar que la educación es la política pública donde la visión estatista es más fuerte en términos del discurso, de las decisiones y de la propia implementación de la política. En grades trazos ello se evidencia en la cobertura, de más del 80% estatal, pero tal vez más que en ello, en que el mismo organismo de gobierno, la Administración Nacional de Educación Pública, gestiona sus instituciones, se evalúa (o debería) a si misma y controla a los privados. Es establemente, desde hace décadas, una política casi monopólica del estado y también en el largo plazo, en una perspectiva de los últimos cincuenta años, es la que menos ha cambiado y la que peores resultados muestra entre las políticas públicas.
Para las visiones estatistas, como pasa en el conflicto de los cincuentones, los datos son menos relevantes que la bondad o conveniencia intrínseca del monopolio estatal.

Una expresión de ello en el sector social y educativo fue la decisión tomada al principio de este gobierno respecto a la educación inicial, en el marco del sistema de cuidados, la política social planteada como prioritaria en el período. Fue un muy buen objetivo ampliar la oferta y la cobertura de los niños de tres años. Lo estaba haciendo mayoritariamente el INAU con los CAIF (que tienen el pecado original de ser privados). La ANEP y Primaria reclamaron esa prestación y el gobierno resolvió que cuando pueda Primaria será ella quien la brinde. Fíjense la similitud con los cincuentones, lo que importa no es la decisión del beneficiario (sea el cincuentón o la familia del niño de tres años), porque se parte del supuesto, en este caso que una escuela primaria es por definición mejor que un CAIF. No importa que los CAIF tengan rigurosas evaluaciones externas, la última realizada por Equipos Consultores, que muestran muy buenos resultados.

De las escuelas de Primaria no tenemos evaluaciones, probablemente por lo mismo, son buenas por ser tales. Y los padres que prefieren un CAIF, porque valoran su estructura menos “escolar” más adecuada a las necesidades de sus hijos, pues… están equivocados, Primaria sabe mejor que ellos lo que necesitan. Debe consignarse que en la elaboración del Programa del Frente Amplio para el 2015 hubo una discusión parecida a la que hay hoy sobre seguridad social. En educación, una vez más ganó el monopolio corporativista de ANEP. Por el contrario en seguridad social con los cincuentones –como ha ocurrido con otras políticas públicas-, es muy probable que logren una solución negociada.

Se debe reconocer que el estatismo no es una visión exclusiva del Frente Amplio. Entre la mayoría de los uruguayos predomina la idea que la forma de ser solidarios y justos es teniendo un estado grande y hemos logrado tener un estado enorme. Sin embargo la idea parece no funcionar: hoy la estatista educación que tenemos aumenta la desigualdad que existe en la sociedad. En la columna anterior procuré argumentar que el desafío enorme que tiene la educación uruguaya de contribuir a la justicia de nuestra sociedad, no se resuelve en términos de educación pública contra privatización.

En las políticas educativas y en las sociales deberíamos mirar uno de los más importantes logros recientes del país y del gobierno frentista, que es el cambio de la matriz energética. Se logró producir energía más barata y ecológicamente más sustentable. La cuestión allí no fue quien la produce. El papel del estado fuerte y eficaz fue orientar, regular y garantizar reglas de juego. No importa de quien son los molinos, los hay estatales y privados, pero esa no es la cuestión. Lo importante es la calidad y el precio de la energía y que de ello nos beneficiemos todos. El estado, en tanto prestador de servicios no somos todos, debe estar sí al servicio de todos. Cuando quiere hacerlo todo no logra ser eficaz en ninguna de sus funciones, como pasa en la educación.

Habilidades

Publicado el

marzo 5, 2018

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