Tu voto tiene el poder

“Los políticos son todos iguales”, “la política no me importa”, “votar o no votar es lo mismo”, “voto porque es obligación” …, estas son algunas frases que suelen tener buena recepción en muchos ámbitos, decir algo así es casi asegurarnos una aprobación, una mirada cómplice.

Sin embargo, en este tiempo electoral, esas aparentemente ingenuas frases nos deberían obligar a tomarnos un tiempo para la reflexión, un tiempo para pensar en las consecuencias de esos actos. Cuando votamos ejercemos nuestro derecho a ser consultados, a opinar respecto de lo que queremos que suceda, pero por sobre todas las cosas nos pone frente a la oportunidad de transformarnos efectivamente en gobernantes con una poderosísima arma: el voto.

Así, las consecuencias de este acto deberían movernos al plano de la responsabilidad.  

La actual realidad política del Uruguay nos presenta un escenario diferente al de las décadas anteriores. El partido de gobierno está notoriamente desgastado, agotado y con fuertes pruebas de deterioro ético de lo que debe ser el desempeño en la función pública. Luego, tenemos a los partidos opositores, varios y con diferentes historias, ideologías y sensibilidades en el plano social, en el plano político y en el plano ético. Hay una tendencia a la fragmentación del sistema político y con ello de las opciones opositoras.

Estamos ante un tiempo de cambio, cada vez con mayor intensidad se percibe que en octubre la mayoría de los uruguayos se expresarán por cambiar el gobierno nacional.

Pero lo que está claro es que el Presidente de la República se elegirá en noviembre y que los partidos que disputen la segunda vuelta tendrán, en octubre, un caudal de votos lejano a la mayoría absoluta que luego les permita gobernar. Dicho de otra manera, es probable que el futuro Presidente sea de un partido de la oposición y que para formar una coalición de gobierno que le dé sustento y gobernabilidad, necesitará concretar un acuerdo con otros.

Tenemos la posibilidad y el deber de ejercer el mayor acto de gobierno sin la seducción de los jingles, de los candidatos que se presentan como salvadores y de los debates marketineros. 

Cómo será el próximo gobierno dependerá de cuáles sean los socios de la coalición gobernante, dependerá de la seriedad y el compromiso de los partidos que la integren. Ya conocemos a dos de esos socios, falta saber cuál será el partido político que le dará la mayoría al gobierno. Es ahí donde se juega el futuro del país. No es lo mismo que sean unos o que sean otros.

El partido político que tenga más de 5% de votos definirá la elección, será el fiel de la balanza que el cuerpo electoral elegirá. Será quien, en definitiva, tendrá la responsabilidad de definir el perfil, el sentido y la intensidad de las acciones de gobierno. Será la garantía del cambio.

Ahí es donde se vuelve muy importante observar qué y quienes son esos partidos políticos, y advertiremos que no todas las opciones aportan a la democracia. 

Cuando vemos que detrás de un formato de partido político no hay otra cosa que personalismo, oportunismo y una cuña peligrosa incrustada en la democracia, no podemos menos que alarmarnos, alertarnos. En efecto, el General Guido Manini Ríos no es un recién llegado a la política, no es un outsider; pertenece a una familia con tradición e incidencia política en el país desde hace más de un siglo. Su cuna politizada lo llevó a tomar la carrera militar, que le sirvió como oportunidad de participar en distintos espacios de gestión política desde el Ministerio de Defensa Nacional: la Dirección Nacional de Sanidad Militar primero y finalmente la comandancia del Ejército. 

Recordemos que el puesto de Comandante en Jefe del Ejército es un cargo de confianza política del gobierno, del Presidente y del Ministro de Defensa, igual que son cargos de confianza los Ministros, el Secretario y el Prosecretario de Presidencia, entre otros. 

Manini decidió el comienzo de su campaña política estando en plena gestión como Comandante; en pleno ejercicio de su cargo de confianza abusó de la misma opinando sobre asuntos de la agenda política, incluso denostando al Poder Judicial. Violó su juramento ético como profesional, y con uniforme de fajina se lanzó a la campaña electoral metiendo sus botas arriba de la Constitución de la Republica.

Manini descaradamente utilizó su cargo, utilizó al Estado, para lanzar su carrera política. 

Pero también el partido de gobierno está utilizando a Manini para su estrategia en segunda vuelta: crea al “cuco”, lo hace crecer, le da visibilidad, para luego asustar diciendo que votar al candidato de la oposición es votar a Manini. Otra vez dividiendo al país en supuestos buenos y malos.

El 27 de octubre los uruguayos no podemos dejarnos llevar por discursos oportunistas, ni por candidatos (de un lado y del otro) que se presentan como los nuevos mesías que vienen a salvar y/o refundar el país. 

No es momento para improvisar.

El Partido Independiente tiene una trayectoria de parlamentarios que han probado con su trabajo la defensa de la ética, el compromiso con los sectores mas vulnerables, la lucha contra la corrupción, siendo de las mejores bancadas del período: 95% de asistencia, 56 proyectos de ley presentados, 114 pedidos de informes, fuerte y decidido trabajo en las investigadoras sobre  ANCAP y ASSE, la denuncia de las tarjetas corporativas, las interpelaciones a la Ministra de Educación, todo el trabajo e interpelación a la Ministra de Industria por la construcción del Antel Arena…

El 27 de octubre elegimos el Parlamento que le va a dar el perfil al próximo gobierno y cada ciudadano tiene en su voto el poder para fortalecer esta bancada de personas capaces, formadas y honestas que ya probaron que representan los intereses de todos los uruguayos y que se la juegan en serio por un país mejor.

El 27 de octubre votá la garantía del cambio, votá al Partido Independiente.

Habilidades

Publicado el

octubre 8, 2019

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