Luis Nieto. Portada Columna Opinión

Escribe: Luis Nieto (*)

Hasta el pasado 24 de febrero sólo Joe Biden, como un ave solitaria, insistía en que el ejército ruso tenía planes muy concretos para invadir Ucrania. Cuando los ciudadanos de a pie se enteran ya era tarde. El 4 del mismo mes, apenas 20 días antes del comienzo de la invasión, Xi Jinping y Vladimir Putin se reunían en Beijing; incluso en el documento que suscribieron dieron a conocer detalles reveladores de un gran acuerdo estratégico, que incluía un compromiso militar entre Rusia y China.

El mundo entero dejó pasar muchas cosas de ese acontecimiento, parecía ser sólo retórica, tal vez nostalgia de los tiempos en que Mao y Stalin compartían ideales y una buena amistad. El día 24 pareció que se hubiera saltaba el resorte que había mantenido la amnesia en un lugar útil para los planes de Putin. Pero Europa La Cómoda reaccionó sin perder tiempo. Quizás las advertencias de Biden llegaron acompañadas por datos más concretos a los gobiernos europeos, o fue que la sombra del nazismo se asomó a la bandera celeste de doce estrellas amarillas.

La reacción ante la advertencia de Biden fue unánime, a pesar de que implicaba el riesgo de que en territorio europeo tuviese lugar una vez más una nueva guerra total, con ejércitos equipados con armas capaces de causar un daño irreparable al mundo, a la humanidad y a la naturaleza herida. El nazismo se había transformado en una guerra mundial a partir de la invasión de la región de los Sudetes, en Checoslovaquia, región reclamada por Alemania, donde residían numerosas comunidades alemanas.

La invasión de Ucrania hacía inviable la permanencia de Rusia entre las instituciones de la UE, y antes que el Consejo de Europa tomase una decisión, Rusia se retira, rompiendo con su salida lo poco que quedaba de los tiempos en que Gorbachov prometía un destino distinto a la desgastada URSS.

Rotos los puentes con Europa: ¿Rusia salta al vacío? Esa es una pregunta que pocos podrían responder, tal vez Xi Jinping, con quien firmó un documento en el que explica casi todo, sobre el futuro que se comprometen a recorrer juntos. Pero los deseos de aquel momento han encontrado que el alma de Europa no estaba desfalleciente, como ambos dirigentes creían.

Ya el mundo había estado al borde de una catástrofe nuclear en octubre de 1962. La entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) había aprovechado las facilidades que le había proporcionado Fidel Castro, y transformó la isla de Cuba en una gran plataforma de observación de las actividades de Estados Unidos, a sólo 425 kilómetros, protegida por un sistema de misiles atómicos, instalado por los soviéticos en la isla. Las dos veces en que el mundo estuvo al borde de una confrontación nuclear, tuvo a Rusia como protagonista.

En este momento hay una sensibilidad muy notoria ante el cambio climático debido a la actividad humana. ¿Poner al mundo al borde de un conflicto nuclear, va en el sentido de lo que exigen las ciudadanías, las instituciones y los países que ven con preocupación la inestabilidad atmosférica en que ha entrado el mundo? O Putin eligió mal el momento, o su agudo desprecio hacia las sociedades democráticas, foco de los argumentos compartidos por el líder chino, pudo más que él, convencido que ni Europa ni Biden tendrían los apoyos de sus países para jugarse por Ucrania, que había elegido a un comediante de televisión por presidente.

Todos seguimos las acciones del 24 de febrero con asombro ante el cumplimiento de la amenaza. Ucrania no pertenecía a la Unión Europea ni a la OTAN. Sólo cabía esperar acciones humanitarias ante las víctimas de los bombardeas. Lo menos esperado fue que Ucrania tuviese la capacidad anímica de ofrecerle una dura resistencia a los tanques rusos, y que las 48 horas de batallas, lo más que podría resistir Ucrania, se transformase en más de 20 días de heroísmo.

Comenzaron a pasar cosas. En Europa se despertó una ola de solidaridad inesperada. El líder de la resistencia y presidente electo en elecciones libres y democráticas tomó el mando con decisión, y demostró tener las condiciones para transmitir al resto del mundo que David estaba listo para enfrentar, a cualquier precio, al poderoso Goliat, heredero de la mística soviética de la guerra. Los gobiernos europeos le prestaron más atención a las evidencias, y se movieron rápidamente para golpear al gigante con las armas menos esperadas: bloqueos de las inmensas cuentas particulares con que los amigos de Putin se habían hecho de un enorme poder económico y político.

Aquella España que había llegado algo tarde a la creación de la UE, hoy ha crecido democráticamente y comienza a preparar la presentación de Putin y sus allegados ante la Corte Penal Internacional. A partir de ahora los equilibrios comienzan a oscilar, y la estrategia militar de Putin no es la única que juega frente al volumen que ha tomado su decisión de atacar a un país con tan pocos recursos como para derrotar a la maquinaria de guerra, de la que Putin tanto se ufanaba.

Es posible que el desenlace de esta guerra sea a través de una negociación. Conversaciones hay, y la del próximo martes puede ser decisiva. Una derrota, sea de la forma que sea, para Putin es inimaginable. El orgullo del viejo policía de la KGB no soportaría una derrota, pero su entorno podría elegir entre perder, absolutamente, todas sus fortunas, o perder buena parte de ellas, a cambio de salvarse de la cárcel y la montaña de acusaciones que les pueda caer encima por sus actividades dolosas, en casi todo el mundo.

Como muestra de los que les espera a los llamados “oligarcas” de Putin, el equipo inglés del presidente del Chelsea no tiene siquiera dinero para pagar los pasajes aéreos a Middlesbrough, para jugar los cuartos de final de la FA Cup este sábado. Lo único que la intervención del club de Roman Abramovich le permite usar semanalmente, es una cifra apenas suficiente para pagar pasajes por ómnibus, con un viaje de diez horas. Y esto es lo que les espera a los encumbrados amigos de Putin. Fastuosas mansiones, yates y aviones, empresas ficticias, depósitos bancarios ya están siendo intervenidos.

Ese es el verdadero trasfondo del poder de un individuo que tanto se parece a Hitler, y no sólo por haber iniciado esta guerra de forma calcada a la que Hitler inició en Los Sudetes, en territorio checoslovaco, como un ensayo de lo que vendría después. De prosperar la guerra que desató Putin, el mundo seguirá furioso, y los familiares de los soldados que mueran en Ucrania no olvidarán fácilmente a sus muchachos, empujados a marchar al frente sin que hubiera ninguna agresión previa por parte de Ucrania.

Pero llegue por donde la detención de la guerra llegue, esto va a cambiar muchas cosas en el mundo. Desde el armamento nuclear, la reafirmación del Derecho Internacional, la consolidación -o no- de la democracia, la intensa cooperación en la protección de la naturaleza, y la mirada puesta en las instituciones de fomento de un mundo sin humo y sin discriminación, de cualquier tipo. Una visión humanista y liberal, frente al mundo cerrado de los círculos de poder que dejó activo el socialismo que conocimos.

*Este artículo también fue publicado en “Voces”, el día 17 de marzo.