Pablo Mieres. Portada Columna Opinión

Escribe: Pablo Mieres. Ministro de Trabajo y Seguridad Social.

El 28 de junio pasado, en un accidente de tránsito, falleció nuestro querido compañero Juan Carlos Rodríguez, más conocido por todos nosotros como “Canario”. Fue un impacto tan doloroso como inesperado que aún nos golpea en el alma a todos los que trabajamos con él, particularmente a los que transitamos toda una vida política juntos desde hacía más de tres décadas.

El Canario Rodríguez era (y todavía es muy duro referirse a él en tiempo pasado) una persona de enormes valores humanos que dejaba huellas profundas en todos los que lo conocieron. Desbordaba energía, vitalidad y proyectos de futuro, lo que hace más difícil aún aceptar su ausencia y su tan temprana e injusta muerte.

En su vida dejó una impronta muy fuerte que quedó de manifiesto en las innumerables muestras de dolor y pena de muchísima gente de todos los ámbitos en los que se movió durante su intensa vida. Efectivamente, la demostración más cabal de la significación de su presencia y aporte, fueron las palabras que representantes de todos los partidos expresaron en la Cámara de Representantes en el homenaje que nuestro compañero, Iván Posada, promovió a una semana de su fallecimiento.
Todos los independientes sentimos un enorme orgullo al escuchar los conceptos vertidos por diputados de todos los partidos con sentimiento y pesar resaltando la figura de Juan Carlos.

El país pierde a un dirigente político y social comprometido con las transformaciones más solidarias y justas que requiere nuestro país y los independientes perdemos a alguien que es totalmente insustituible.

El Canario fue una persona dedicada a promover la solidaridad y la justicia social durante toda su vida. Su experiencia vital permitió que conociera nuestro país desde tres perspectivas diferentes y complementarias.

Nació y se crió en su querido Cerro Conventos, paraje rural muy próximo a Blanquillo en el Departamento de Durazno, desde muy niño conoció y aprendió a querer la vida de campaña, los desafíos del mundo rural uruguayo, cultivó las tradiciones y desfiló cada año a caballo en la Fiesta de la Patria Gaucha en Tacuarembó. Asumió también las responsabilidades de la producción rural acompañando a su familia y, en particular, a su queridísima madre Isabel Fernández, una persona cálida y entrañable que continúa viviendo en aquel sitio en el medio del campo.

Conoció también la realidad de la vida urbana en el interior del país, estudió en Durazno y defendió toda su vida la necesidad de un país más descentralizado y equilibrado con respecto al centralismo capitalino.

Pero, al mismo tiempo se convirtió también en un ciudadano de Montevideo al establecerse en su vida adulta en la capital. Conoció Montevideo de una manera muy directa en contacto con la gente de diferentes condiciones sociales. Representó de manera muy nítida los reclamos y demandas de nuestra capital asumiendo roles políticos cada vez mayores.

Políticamente se inició en la Juventud Demócrata Cristiana en los ochenta junto a su queridísimo e inseparable amigo, Dardo Rodríguez (también oriundo de Durazno), abrazó la carrera de Servicio Social vinculando de forma muy profunda su compromiso social y político con su vocación profesional.

Por esa misma vocación trabajó siempre en el campo de las políticas sociales dirigidas a los más humildes, en el Foro Juvenil y más tarde desde el Ministerio de Desarrollo Social.

Juntos recorrimos los caminos y las sucesivas opciones políticas hasta el final. Así estuvimos en el PDC, el Nuevo Espacio y luego fundamos el Partido Independiente.

Su significación en nuestro partido fue aumentando con justicia, sustentada en sus virtudes y capacidades, hasta llegar a ser nuestro representante en la fórmula para la Intendencia de Montevideo en las recientes elecciones departamentales de 2020.
Poco tiempo después, luego de años de presidir la Mesa Departamental de Montevideo, fue elegido Secretario del Partido acompañando a nuestro querido Presidente, Omar Rodríguez. Ambos se pusieron al hombro la tarea de la reafirmación de nuestra realidad y funcionamiento partidario en todo el país.

La fatal circunstancia trunca una vida plena de energía, ideas y valores. Nos sigue y seguirá doliendo a todos los independientes.
Sin embargo, su testimonio, su trayectoria, su compromiso inalterable y su sonrisa franca y abierta, que nos acompaña desde un cuadro que instalamos en la sede partidaria, nos está diciendo que hay que seguir trabajando por los ideales y por los valores de la solidaridad y la justicia social en nuestro país. El mejor tributo que podemos rendirle es redoblar el trabajo social y político por los más débiles y vulnerables.

A su querida esposa, Mariana, a sus hijas Sofía y Juana, a su madre Isabel, vaya nuestro dolor compartido y un enorme y apretado abrazo.

Hasta siempre, compañero del alma… tan temprano