Juan Carlos Rodríguez. Portada Columna Opinión
Escribe: Juan Carlos Rodríguez. Secretario general del Partido Independiente.

En los últimos días del año 2021 el tema de saneamiento y limpieza ocupó la agenda política y provocó que la misma estuviese al rojo vivo. Es que la actual administración del gobierno de Montevideo pretende llevar adelante un proyecto con financiación del BID, y para endeudarse necesita votos de la oposición en la Junta Departamental.

En lo referido a saneamiento es de destacar que 40 años de trabajo y esfuerzo planificado y continuo, permiten que Montevideo cubra al 92% de su población con servicios y brinde tratamiento al 100% de las aguas residuales colectadas. Es un trabajo que sigue una política de estado a nivel departamental. Pues bien, nada de eso sucede en materia de limpieza en la capital del país; mas bien diría que la política de estado ha sido la del fracaso de cada uno de los parches aplicados, con el consecuente agravamiento de la situación.

Así es que el tema en cuestión presenta problemas de fondo y de forma.

De fondo porque en relación a la limpieza, la situación en Montevideo sigue prácticamente incambiada ya que seguimos viviendo en una ciudad sucia y descuidada, donde la limpieza y cuidado de los espacios públicos brilla por su ausencia, se acumula basura en las esquinas, se suman contenedores que siguen estando desbordados, bolsas, plástico y residuos desparramados, paradas de ómnibus sin recipientes para residuos, no hay una política que promueva la clasificación domiciliaria ni desarrolle el reciclado, y el sitio y gestión de disposición final es vetusto y contaminante. Por Montevideo han pasado 37 años de gobiernos democráticos y los últimos 32 años han sido de gobiernos frenteamplistas que, a pesar de tener todo el respaldo político y cobertura presupuestal suficiente, no han sido capaces de generar una política que modifique los problemas estructurales que presenta el tema. Así que 37 años después el problema se ha transformado en endémico para quienes habitamos el departamento; ese es el problema de fondo.

El problema de forma es que la nueva administración de la Intendencia de Montevideo acordó el proyecto con el BID sabiendo que para su aprobación necesitaba votos de la oposición; no buscó el diálogo para conocer otras ideas y aportes en un tema que fue de los centrales en la pasada campaña electoral. Cuando correspondía instalar una mesa de trabajo con la oposición para abordar el tema en clave política de estado, trabajar el proyecto, negociar, acordar y avanzar, prefirió el “método pechazo” tan habitual en la fuerza política habituada a gobernar con mayorías absolutas.

Son formas de entender y hacer gobierno…

Todavía está a tiempo de cambiar las formas para encarar el problema de fondo con cabeza abierta y mirada de largo plazo en un tema que se transformó en problema central para la capital del país.