Philippe Sauval. Portada Columna Opinión
Escribe: Philippe Sauval. Equipo de editores de “La Opinión Independiente”.

Muchos uruguayos – la enorme mayoría— de los que vivimos los años de la caída de las instituciones republicanas en los setenta podemos recordar que en los años previos nos resistíamos a creer que tal cosa fuese posible. Nos creíamos vacunados contra los desbordes institucionales. Aun teniendo en cuenta la realidad regional, “esas cosas” no pasarían en Uruguay. Esa historia la conocemos bien.

Cincuenta años después se vuelven a prender luces amarillas. Y no las queremos ver. Esas luces son muy visibles para todo aquel que abra los ojos. Un gigantesco farol nos llega desde nuestra vecina Argentina, sumergida en una crisis social, económica y política. Y también institucional. En este tiempo la amenaza no proviene de las Fuerzas Armadas, surge de un sistema político que se lleva por delante la separación de poderes y en particular al Poder Judicial. Sin contar con los ataques constantes a la libertad de investigar e informar que necesita toda sociedad democrática que se respete. No es el único caso en América Latina, pero la tenemos muy cerca, sumergida en una aguda crisis.

No es necesario tener una opinión sobre el fondo de la llamada grieta argentina. Alcanza con los síntomas anti democráticos de extrema gravedad que aparecen todos los días. La vice presidenta y su partido político afirman a los cuatro vientos que “ella” no puede ni va a ser juzgada por el Poder Judicial de su país. Como los monarcas absolutistas de cuatro siglos atrás, la defensa de la señora pasa por creerse una ciudadana inalcanzable para las leyes de su república. Una diosa terrenal en pleno siglo XXI. ¡Y tal status se defiende en la calle, obviamente!

Pues bien. Dos senadores y cinco diputados del Frente Amplio, del sector mayoritario (por si alguien quisiera quitarles relevancia) han salido a respaldar a la señora. Se sabe que son de ese palo. Si bien el líder ha repetido la hermosa frase ajena de “naides es más que naides “, respalda la tesis que victimiza a la pobre vicepresidenta frente a las garras de la derecha — siempre está la derecha atrás—disfrazada de fiscales y jueces. Así como te digo una cosa, te digo la otra. Increíble. En resumen, en Uruguay estamos a un tranco de pollo de ese paso que termina con todas las garantías y los equilibrios. Admirar y apoyar los horrores ajenos —por cierto, hay otros ejemplos que se suman—debe ser advertido por el ciudadano común antes que sea demasiado tarde. Es una tarea para todos los partidos que no dudan en sostener la democracia republicana y liberal. Los que lo repiten y al mismo tiempo apoyan regímenes claramente anti democráticos son un peligro. Para los uruguayos, está claro.