Luis Nieto. Portada Columna Opinión

Escribe: Luis Nieto (*)

El 25 de febrero pasado, un día después de iniciar la invasión a Ucrania, Vladimir Putin realizó una presentación de lo que llamó: “Las seis imparables maravillas bélicas de Rusia”. Su público era gente vestida de civil, de edades entre 40 y 60, atenta a las imágenes del video y a las explicaciones de Putin. Las miradas mostraban sorpresa y admiración. Como Putin aclaró al final de la sesión, esa clase de armamento no la tiene nadie en el mundo. “Quizás aparezca alguno, pero para ese momento, nuestros muchachos desarrollarán algo más.”

La primera de las maravillas bélicas fue bautizada “Zamat”. Se trata de un misil hipersónico scargado con una amplia variedad de potentes municiones nucleares. El artefacto es capaz de llegar a un punto opuesto en el mundo, viajando a través de cualquiera de los polos, a una velocidad inalcanzable por los sistemas de detección. El “Zamat” fue utilizado, pocos días atrás, contra una unidad próxima a la frontera de Polonia, según declaraciones del ejército ruso. Los comentarios de la inteligencia occidental ponen en duda que el misil pueda alcanzar la velocidad de 12000 kms./hora que declaran los rusos, como también ponen en duda el alcance de los mismos, volando a una altura constante.

“Kinzhal” es otro de los misiles hipersónicos. Este modelo, presentado con orgullo por Putin, puede maniobrar durante su trayectoria, y ya forma parte del arsenal de sus Fuerzas Armadas.
El tercer ejemplo que puso Putin, en su presentación del 25 de febrero pasado, es un misil de crucero capaz de recargarse con energía solar, y recorrer distancias hasta 10 veces mayor de la que puede recorrer cualquier otro artefacto de los conocidos hasta el día de hoy.

La cuarta novedad que Putin presentó fue la construcción de submarinos no tripulados, capaces de operar a grandes profundidades, y recorrer distancias intercontinentales, con una velocidad que supera varias veces a los submarinos, torpedos y buques de superficie desarrollados por otros países. “Es algo fantástico”, subraya Putin, con entusiasmo.

La quinta maravilla desarrollada por la industria bélica rusa, que ya está recibiendo su ejército, son armas de tecnología láser, de gran precisión y poder destructivo.

“Y eso no es todo”, dice Putin, mientras la cámara recorre la cara de varios asistentes, que sonríen y mueven sus cabezas, ante la cantidad de nuevo armamento, que parece salir de una película de ciencia ficción. Entonces presenta al misil “Avangard”. Este misil puede salir de la atmósfera, y caer sobre cualquier parte de la tierra, de forma precisa, con el poder de un meteorito, como una bola de fuego. La temperatura que podría alcanzar al llegar al objetivo, oscilaría entre 1600 y 2000 grados centígrados. “Esta clase de armamento no la tiene nadie en el mundo. Quizás aparezca alguno, pero para ese momento, nuestros muchachos desarrollarían algo más,” agregó Putin ante un auditorio eufórico, al día siguiente de comenzar la invasión de Ucrania.

Sea todo esto cierto, o parte de una estrategia para ablandar y atemorizar a los ucranianos y al mundo, Putin no habla más que desde un punto de vista de la superioridad científica y tecnológica para la guerra, como había prometido dotar a Rusia en la última elección. Cuesta creer que las otras potencias no estuviesen al tanto del desarrollo ruso, en cuanto a la renovación de su armamento, y que no estuviesen en condiciones de competir. Pero suponiendo que Rusia, realmente, estuviese en posesión de semejante despliegue armamentístico, hasta el momento sólo ha lanzado dos misiles hipersónicos, uno contra un centro de adiestramiento y otro contra un centro comercial. Pero la realidad dice que no han podido avanzar en el terreno. Este armamento parece ser muy eficiente, a los efectos de hacer desaparecer hasta el último vestigio de Ucrania, pero, cada día, la realidad muestra la voluntad de defender su tierra con determinación.

Pero yendo al origen de esta guerra, el motivo declarado por Putin para invadirla fue la necesidad de limpiar Ucrania de pro nazis. El presidente Zelensky es de origen judio, sus tíos abuelos murieron todos en la guerra, defendiendo a la Unión Soviética, y su abuelo fue un oficial soviético condecorado varias veces por su actuación en la 2da. Guerra Mundial.

Pero si el motivo de la invasión de Ucrania fuese impedir que la OTAN reclutase un nuevo socio para la alianza, la invasión debió ser la última línea a cruzar. No medió ningún proceso de negociación previo. Pero, además, Ucrania estaba en todo su derecho de adherir al sistema defensivo que han optado los treinta miembros con que la OTAN cuenta en la actualidad. No sería la única frontera caliente, en el mundo, y lo que la comunidad internacional debe garantizar son las condiciones en que se mantiene la paz en esas fronteras. Ucrania y Rusia tienen un origen común, sus poblaciones tienen muchísimas coincidencias, tanto étnicas como culturales. El propio presidente Zelensky es ruso parlante, como buena parte de la población de Ucrania.

El reclamo de la independencia de los territorios de Donetsk y Lugansk, es discutible, y, quizás, lo deberían definir las poblaciones de esos territorios sin presión, seguramente como parte de un proceso protagonizado por las Naciones Unidas. ¿Pero que hay de Crimea, territorio que Rusia arrebató a Ucrania en 2014?

La guerra no solucionará ninguna de las controversias territoriales de la región, y quienes razonan que la Unión Europea, y la OTAN hicieron saltar las alarmas en Rusia, que se debió negociar un estatus diferente para Ucrania, parecen desconocer la naturaleza del régimen ruso. La invasión de Crimea, y, ahora, Ucrania, están fuera de todo contexto civilizado. Lo que está pasando allí hubiese pasado de cualquier forma, antes o después. Esta guerra sólo echa más leña al fuego. ¿Alguien puede creer que Ucrania y Rusia podrán convivir en paz después de esta guerra despiadada, que Putin parece haber desatado para atemorizar al mundo con sus “seis imparables maravillas bélicas”, creyendo, previamente, que Ucrania sería un manso sparring?

*Este artículo también fue publicado en “Voces”, el día 24 de marzo.