Hebert Gatto. Portada Columna Opinión

Escribe: Hebert Gatto. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, ensayista, presidente de Honor del Partido Independiente.

Como en ocasiones anteriores el PIT-CNT, recordó el día internacional de los trabajadores con su tradicional celebración. El homenaje, suspendida en 1920 y 21 como consecuencia de la pandemia no contó con el número de participantes esperable. Ello, pese al buen desempeño de la Central Sindical en la campaña por la derogación de la LUC. Las estimaciones fueron variables y pocas, pero seguramente el acto no alcanzó a más de diez mil personas, desparramadas en las siete u ocho cuadras de largo que el evento alcanzó. Un número muy escaso ante las cuatrocientos mil trabajadores que el PIT CNT reclama congregar. Poco público y pocas novedades, para un acto que la dirigencia sindical había trasladado de la Plaza de los Mártires de Chicago a Av. Libertador, con la expectativa de un acto “enorme” que demostrara el repudio de los montevideanos a la falta de reacción gubernamental a la carestía. Una escasez de asistentes que se repitió en los actos realizados en casi todo el país.

Los discursos, en diferentes tonos, repitieron lo esperable: demandas de mayores asignaciones para los sectores más desprotegidos de la sociedad sin excesiva preocupación por sus fuentes. Un reclamo que se debe atender, tal como el gobierno lo está haciendo, sin descuidar que vivimos en un país de economía capitalista, que requiere para su supervivencia preservar los equilibrios macroeconómicos que la sustentan. Además de su deber de trasmitir una imagen de seriedad en el manejo de las distintas variables, dentro de la economía de mercado para el que ha sido elegido. ¿Qué otro sentido tendría apelar a las inversiones extranjeras, vitales para un país urgido del aporte de capitales externos, si ésta no fuera su imagen?

Obviamente que no es éste el programa del movimiento sindical, jugado explícitamente, tal como repite en cada uno de sus intervenciones, a una economía de infraestructura socialista. Una definición que no solamente emerge implícitamente en sus postulados económicos, sino como es notorio, en los culturales, educativos y sociales o filosóficos. Así como en gran parte de lo que ha dado en llamarse el “movimiento social organizado”.

Es cierto que en ocasiones su lenguaje, como el de su socio político, es críptico, como si buscaran ocultar lo que es notorio para cualquiera que repare en su decir inundado de figuras retóricas. De allí su apelación a un discurso que si en general no marca objetivos de forma explícita, denosta al capitalismo (las patronales), ahondando en sus defectos -que los tiene-, pero sin señalar sus virtudes, que también tiene. Militan por una sociedad sin “explotados ni explotadores” ocultando que con la sinédocque aluden al socialismo o al comunismo. Como si los avergonzara proponerlos directamente.

Adheridos a un pasado “clasista”, revelan absoluta carencia de memoria y adaptación a los profundos cambios de la actual civilización. La misma que enterró a la URSS y sus adláteres en el desván de la historia. Lo prueba su invitación, cada lo. de mayo a los discursos-consejos de los “compañeros cubanos”, aquí personificada en una importante representante de su central sindical. No aceptan que Cuba y Corea del Norte son los deteriorados restos de un modo de vida aterrador, carente del mínimo respeto por la democracia y los derechos humanos. Obnubilados, ignoran que vivimos en el siglo XXI.