Luis Nieto. Portada Columna Opinión

Escribe: Luis Nieto (*)

Si hubiese alguna duda de que al Frente Amplio le faltaba despejar ante la ciudadanía su identidad latente, la designación de Fernando Pereira a la presidencia, lo ha devuelto al espacio de izquierdas que ocupaba antes del gran acuerdo del 5 de febrero de 1971.

La notoriedad del cambio, y la implicancia que esto puede tener, lleva a preguntarse: ¿fue una buena o mala decisión?

Todavía no tenemos el diario del lunes en nuestras manos, sólo podemos especular, imaginar algunas consecuencias.

En primer lugar, este nuevo Frente Amplio, amigado con la ley de lemas que desde el principio rechazó tajantemente, llamando a los partidos tradicionales “colcha de retazos”, verá disminuida su oferta electoral al consolidarse como una fuerza de izquierda tradicional. Lo que se concibe como el centro político, en este país, está conformado por las mayorías de los partidos fundacionales, por la totalidad del PI, una parte incierta de Cabildo Abierto, y buena parte del Frente Amplio, que supo interpretar dónde estaban las mayorías políticas en el Uruguay.

Una de las primeras consecuencias que la presidencia de Fernando Pereira va a traer al Frente Amplio es que lo pondrá cara a cara con uno de los políticos que mantiene el mayor porcentaje de la opinión pública. Esto no es tema menor. La campaña no está encaminándose a que la ciudadanía sepa lo que votó al votar a la coalición de gobierno, y las leyes que ahora el Frente Amplio pretende derogar.

El presidente Lacalle Pou no va a ser un contendiente que la mire de afuera. Está habilitado para participar en la campaña por el referéndum, y no sólo tiene la mayoría que le dan los sondeos de opinión sino, además, tiene a su favor haber sorteado una de las pruebas más difíciles contra la pandemia, y contra muchas voces que opinaron, cuestionando la política del gobierno durante los peores meses de la pandemia. El Uruguay no sólo no encerró a sus ciudadanos en sus casas sino, que, también, mantuvo varias actividades en marcha, esperando el momento de apretar el acelerador. El campo siguió trabajando, y rompiendo récords de exportación, mientras otros países de nuestro entorno tuvieron una política muy distinta.

Todavía no ha terminado el verano, el embate de ómicron comienza a ceder, y el turismo ha sido un éxito. Frente a las críticas de los destrozos económicos que causaría la pandemia en los sectores más desfavorecidos, el Estado ha reforzado todas las ayudas posibles, seguramente insuficientes, pero el Uruguay dejó atrás su peor momento, y no ha dejado atrás a los más débiles mediante distintas modalidades de apoyo económico. Habrá o no habrá debate final, pero Pereira estará parado frente a una persona que va a defender su gestión a los ojos de una opinión pública que hoy por hoy sigue respaldándolo.

Otra de las consecuencias que ha tenido esta decisión, que escora todo el barco hacia la izquierda, será la de no dar tiempo para entender las razones por las cuales perdió las últimas elecciones, cuando el FA estaba convencido de haber hecho una gran transformación en el país. Parece claro que la ciudadanía no lo vio así. Toma decisiones en base a lo que entiende es la preocupación de la gente y evita mirarse a sí mismo para recomponer sus alianzas, repensar la forma de gobierno interno, y, en cambio, sigue para adelante con ansiedad. Antes creyó que la violación de los Derechos Humanos durante la dictadura era un caudal inagotable, tal vez, repito, tal vez, haya sido la razón de haber nombrado a un presidente afín a un elemento táctico de la lucha política. Miranda entre los principales familiares de todas las familias golpeadas por la dictadura, era una cosa, como presidente del Frente Amplio, fue otra. La lucha contra la asqueante violación de los Derechos Humanos durante la dictadura fue una causa justa, sin lugar a dudas, pero también fue una trampa, que el Frente no supo evitar.

La política del Frente no dejó un país reencontrado. Mujica habló de los “viejitos” que no quería ver morir en la cárcel, pero, al final, no hizo ni una cosa ni la otra. Eso sí, recomienda a Mandela, pero no dice cómo lo hizo, después de estar 27 años preso.

¿Qué Mujica tiene bien ganada su popularidad en el resto del mundo? Sí, ha sabido imponer la imagen que para gobernar un país no hace falta vivir en un castillo.

Varios presidentes uruguayos vivieron en sus casas particulares. Gandhi también se mostró cómo se vivía en la India, y siendo abogado, no hilador, consiguió ser el líder independentista más destacado, y su imagen fue funcional a su prédica política. También Seregni tuvo una larga cárcel,
y salió como entró, como el líder sereno pero firme, tan sereno que aceptó las circunstancias que forzaron su renuncia, y no promovió ninguna acción interna que pusiera en peligro los equilibrios internos del Frente Amplio.

Estos equilibrios pueden llegar a verse alterados a partir de la elección de Pereira como Presidente, de forma similar a lo que pasó con la elección de Miranda. La apuesta de la LUC, como el elemento
táctico principal para recuperar el terreno perdido en la última elección, es una apuesta de mucho riesgo. El resultado se verá al final, pero, indudablemente, va a repercutir en el período que siga al referéndum, y a la siguiente campaña electoral. Si el referéndum lo gana el Frente, el país vivirá un largo período de decreto en decreto, y la campaña electoral previa a las elecciones de 2024 será el resultado de esa tensión que ha desatado la decisión del Frente Amplio de cuestionar 135 de los 476 artículos que están vigentes al día de hoy.

La LUC, la maldita o bendita LUC ha sido la excusa para volver a tiempos donde las cosas no estaban tan entreveradas.

Después de 15 años de gobierno, de chocar con las dificultades de gobernar, y de asumir posiciones que antes formaban parte de su artillería ideológica (el FMI, por ejemplo), el Frente Amplio vuelve a utilizar su viejo traje proletario, convencido que entre los 135 artículos de la LUC hay una serie de amenazas que harán retroceder las libertades, la independencia del país, la educación de nuestros hijos, y otra serie de males que hay que atajar cuanto antes. Habrá que esperar un poco para saber si esta arriesgada operación será beneficiosa para el pueblo uruguayo, y hasta para el Frente Amplio.

Mientras tanto, parece estar perdiendo un tiempo precioso para recomponer sus filas, y ser la opción de centro izquierda que le permitió crecer, y hacer algunas cosas importantes para el país.

  • Este artículo también fue publicado en “Voces”, el día 10 de febrero.